Ama Dablam: una aventura en solitario

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Víctor Zavala visitó la que muchos consideran "la montaña más linda del mundo".

EL ORIGEN

El 2016 realicé mi primera salida de “trekking” junto a mis amigos del colegio: hicimos el “circuito O” de las Torres del Paine. Posterior a eso, me metí al club de montaña de la UTFSM, «Sansanos Outdoor», donde conocí a su fundador, Simón Pérez, que me enseñó todas las técnicas básicas del montañismo y me invitó a varias salidas en distintos cerros, donde descubrí mi pasión por la montaña. Uno de los primeros cerros que ascendí fue el San Gabriel (en 2018). Posterior a este ascenso, vi una foto del Ama Dablam y me dije a mí mismo: “algún día lo voy a subir”.

 

DEL SUEÑO A LA REALIDAD

Ama Dablam es una montaña situada en los Himalayas caracterizada por su alto nivel técnico con una altitud de 6.812 m, requiriendo de conocimientos en escalada en roca, mixta y hielo. Para lograr este objetivo tenía que dominar estas disciplinas, sobre todo si quería realizarlo sin un guía o sherpa. Fue así como a medida que pasaban los meses iba ganando experiencia, realizando cursos, conociendo distintas personas, liderando salidas y, lo más importante, me di cuenta de que realmente me gustaba este deporte. Por otro lado, también estuve practicando otros deportes que complementaban mi entrenamiento físico y mental, tales como windsurf, esquí náutico (slalom y barefoot), MTB, tala y poda de árboles, entre otros. Lo importante era ponerme en situaciones complejas y poder superarlas estando lo más tranquilo posible.

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El Ama Dablam, fue ascendido por primera vez en 1961 por Barry Bishop, Mike Gill, Wally Romanes, Mike Ward.

 

Una vez que me di cuenta de que reunía los requisitos para realizar el ascenso, le pregunté a mis cordadas si se unían a la aventura, pero lamentablemente nadie podía, por lo que el objetivo se transformó en “Ama Dablam en solitario”. “Suena bonito”, pensé. Busqué la agencia más barata para conseguir los permisos y el porteo del equipo al CB, compré los pasajes de avión y listo, el 5 de abril de 2022 comenzó mi aventura.

 

EN LOS HIMALAYAS

Katmandú, capital de Nepal. ¿Mi primera impresión? Una ciudad enriquecida por su cultura, religión y gente amable, pero opacada por su contaminación, ruido y tráfico descontrolado, donde terminé en el suelo producto de una moto que me chocó en los últimos días. Una vez que llegué al hotel de la agencia “Makalu Adventure” me encontré con Sebastian Janus, un polaco con el que había conversado previamente, ya que en esta temporada era el único que también tenía planes de ascender el Ama Dablam con esta agencia, aunque él iba con guía y un sherpa llamado Kami, por lo que mi itinerario sería distinto al suyo.

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«De izquierda a derecha, el polaco Seb, yo y Kami Sherpa». Foto: Víctor Zavala.

 

Al día siguiente tomé el vuelo a Lukla, el aeropuerto más peligroso del mundo, teniendo un vuelo de 30 minutos en una avioneta bimotor caracterizado por sus fuertes turbulencias. ¡Esto dio inicio a la aventura!

 

APROXIMACÓN AL CB

Para llegar al campamento base (CB) de este cerro, tuve que recorrer distintos pueblos a lo largo de la ruta durante 5 días: Phakding (2.610 m), Namche Bazaar (3.440 m) y Pangboche (3.985 m) respectivamente, realizando en gran parte el mismo recorrido que el del CB del Everest. Me iba alojando en hostales, conocidos localmente como «tea house«. A lo largo de la ruta fui descubriendo la cultura nepalí y sus costumbres: por ejemplo, los porteadores llevan 30 kg o más de carga solo utilizando su cabeza como fuerza de apoyo; los puentes colgantes están llenos de banderas coloridas; los ojos de buda en las “stupas” siempre te están viendo; los yaks son típicos en la ruta y todas las mañanas la alarma del despertador la da algún monje recitando sus oraciones a todo pulmón.

 

Los primeros días fue difícil acostumbrarme a la comida, la que destaca por sus múltiples especias y sabor picante. Cuando pensé que todo estaba en orden, la carne de unos «momos» (similares a los “dumplings”) me jugaron una mala pasada. Me enfermé del estómago durante varios días, quedándome en el CB y pensando que el ascenso tendría que quedar para otra oportunidad.

 

¡CERRO ARRIBA!

Previo a emprender rumbo, Phura Sonam Sherpa hizo una breve ceremonia tradicional con fuego y cánticos nepalíes mientras tirábamos arroz al aire esperando que la montaña me diera su permiso para acceder a tan noble lugar que da todo y no pide nada a cambio.

Una vez que di comienzo a la caminata, tenía poca energía y mi mochila rondaba los 33 kg: iba con mucho peso, ya que tenía que portear agua, porque tenía entendido que en ambos campamentos (C1 y C2) no había. Entonces me di cuenta de que no iba a llegar al C1: mis condiciones físicas estaban lejos del óptimo, por lo que armé un campamento improvisado a 5.050 m donde había un planchón de nieve. Luego de armar la carpa, vi a alguien que venía bajando: era un sherpa local -«Ongchhu Tamang-, el cual me comentó que en el C1 y C2 sí había algo de nieve y hielo; ya no tendría que acarrear toda el agua. Además, agregó: «No summit this season, no one».

Al día siguiente, llegué al C1 justo a tiempo: un equipo canadiense se estaba retirando y alcancé a conversar con sus 2 sherpas y el líder del equipo. Así comprendí un poco más de la ruta, sus dificultades y el estado de las cuerdas. Este equipo era el que más lejos había llegado en la temporada (más que los estadounidenses e ingleses), cerca de los 6.600 m, superando el serac «Dablam», pero se devolvieron porque muchos ya tenían síntomas graves producto de la altura, además del considerable cansancio físico.

La ruta del C1 al C2 es un filo muy estrecho; constantemente había que hacer unos traverse con mucho cuidado y entonces comenzó la escalada vertical. El crux de la ruta era la famosa «Yellow Tower» que era una escalada en roca grado 5.9 de 15 metros aproximadamente. Sonaba muy fácil cuando lo leí meses atrás, pero en el momento fue muy distinto, no por su exposición (que sin duda era considerable), sino porque todo cambia cuando tienes una mochila con 20 kg de peso, botas dobles y estás a 6.000 metros de altura intentando respirar. Una vez que llegué al C2, le repetía constantemente a Seb lo siguiente: «Drink, eat, sleep«. Eran cerca de las 14:00 y tenía que estar durmiendo cuanto antes; al día siguiente se vendría el tan anhelado ataque a la cumbre, donde pensaba partir a las 00:00 del 18 de abril.

 

RUMBO A LA CUMBRE

Día 14: el reloj marcaba las 00:00 y estaba listo para partir. ¿Mi desayuno? Un poco de jugo y 1 galleta tritón maní-white, un desastre nutricionalmente hablando.

El primer desafío era la «Grey Tower»: una masa de aproximadamente 250 m de altitud que había que escalar en sus distintas modalidades. Luego de varios tramos verticales de 15 m y de 2 horas sin descansar, estaba a la mitad de la «Grey Tower». De aquí en adelante la roca se vistió de una capa de agua congelada, dando comienzo a la escalada en hielo, con una gran cantidad de tramos que tenían entre 80-90 grados, por lo que en general era un WI3.

 

Una vez sorteada la «Grey Tower», llegué al C3. Finalmente, una planicie y el primer descanso para tomar y comer algo mientras miraba para arriba: una gran canaleta de nieve y hielo de 60-70 grados, donde había que rodear el serac «Dablam» por la derecha. Una vez superado el serac, estábamos cerca de los 6.600 m. El reloj marcaba cerca de las 10:00 y Seb dijo «I have 2 kids at home, I’m worried I won’t be able to make it back«. Entonces le respondí que quedaba poco y que todo estaba en la mente, que no desistiera. Luego de un par de minutos, Seb tomó la decisión final: «I’m going down”. A partir de este momento continué mi ascenso y ya no había huella alguna, en un par de metros las cuerdas desaparecían y continué en “free solo”.

Todo iba bien hasta que -de repente- tuve que detenerme abruptamente: había una inmensa grieta. Miré hacia la izquierda, hacia la derecha y no vi manera de afrontarla; las cuerdas estaban metros abajo de la grieta, algo extraño había pasado acá. ¿Saltar? Imposible, era demasiado ancha (unos 6 m) y, además, estaba en completo desnivel. Todas estas opciones las pensé en un par de segundos y sabía que la respuesta correcta me destruía por dentro: «no hay nada que hacer, esta es mi cumbre, hice todo lo humanamente posible, quedé a 19 metros, creo que queda a criterio de cada uno si es cumbre o no, para mí el cerro ya estaba hecho». Después de recomponerme un poco, pensé: «soy el único que ha logrado llegar hasta acá esta temporada, ni los gringos, ingleses o canadienses pudieron».

Luego de 11 horas a todo ritmo estaba muy cansado; tenía que desescalar 200 metros para poder llegar a las cuerdas y rapelear los 600 restantes. Miré hacia el cielo y vi mi mayor temor: un mar de nubes acercándose rápidamente que me quitarían toda visibilidad para la bajada; tenía que llegar a las cuerdas fijas lo más rápido posible. En 1 hora estaba en el C3, no veía nada a mi alrededor y estaba agotadísimo, solo pensaba: «sigue las cuerdas y en un par de horas estarás a salvo en el C2, aguanta». En medio de los interminables rapeles, vi en el horizonte el C2. Caminé como zombie los traverse restantes y vi a Kami fuera de la carpa que me recibió con una sonrisa. «I’m destroyed», le dije. No daba más. Él se rio y conversamos un rato. Avisé que estaba bien vía Inreach; me metí al saco y me olvidé de todo.

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¡En la casi cumbre! Una grieta infranqueable impidió llegar hasta el punto más alto. Foto: Víctor Zavala.

 

LA REUNIÓN

Una vez que volví al CB, apareció el sherpa líder de la agencia 8K Expeditions: me estaba buscando a mí. Me dijo que mañana me diera una vuelta por el CB para juntarnos con los sherpas de las otras agencias y ver qué medidas se podían tomar respecto a la grieta, mientras me repetía «coffee, food, whatever you need just tell us«. Luego le pregunté directamente si él consideraba que yo había hecho cumbre, a pesar de que me faltaron unos metros producto de la grieta, a lo que contestó: «You summit, no one could make it better, dont worry«, dejándome un poco más tranquilo y revitalizando mi confianza.

Al día siguiente, entré a una carpa y en un par de minutos estaba rodeado de los sherpas líderes de cada una de las agencias, 8K Expeditions, Seven Summits, Friends Adventure, entre otras. Logré transmitirles toda la información de la ruta sobre los 6.600 m, la ausencia de cuerdas, el estado de la nieve/hielo y la grieta que impedía la cumbre, a lo cual llegamos a la conclusión de que en el mejor caso un helicóptero sobrevolaría la zona, viendo si había alguna pasada más a la izquierda o derecha del sector. Sin embargo, el tiempo no se venía bueno, por lo que solo quedaba mirar desde abajo con binoculares. También evaluamos la opción de llevar una escalera; claro que el porteo sería complejo y tomaría tiempo, siendo el problema que las expediciones partirían pronto sus ascensos. Independiente de esto, lo único que teníamos claro es que, si querían llevar a sus clientes de manera segura, faltaban al menos 200 metros de cuerda en la ruta. Un par de palabras nepalíes iban y venían; alguien agarró entonces la radio dando un par de órdenes y todo estaba resuelto: mañana llegaría toda la cuerda necesaria.

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Con el sherpa líder de 8K Expeditions, entregando la información de la ruta. Foto: Víctor Zavala.

 

LA HISTORIA CONTINÚA…

Con mi objetivo cumplido, era hora de marcharme, aunque aún me quedaban 2 semanas restantes en Nepal, por lo que con Seb nos fuimos a Chitwan, adentrándonos en la selva para ver cocodrilos, rinocerontes, elefantes, caminar en busca de un tigre, realizar un poco de rafting y distraernos un rato. El cerro se acabó, pero la aventura continuó, pues mi siguiente destino era Europa, donde tenía en mente subir otras montañas e ir en busca de esas respuestas a preguntas que no tengo. ¡Pero eso da para otra historia!

 

 


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