Chile6Miles: reporte desde las alturas

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La cordada ya ha ascendido 12 de las 37 cumbres que se elevan por encima de los 6.000 m. ¡Y van por más!

La montaña siempre es un desafío y el nuestro es alcanzar las 37 cumbres más altas de Chile, todas aquellas ubicadas en territorio nacional que se elevan a más de seis mil metros por sobre el nivel del mar (ver entrevista inicial acá). Durante este primer año de proyecto y a pesar de las múltiples limitantes producto de la pandemia, ya hemos logrado ascender casi un tercio de las montañas, lo que nos ha permitido reafirmar nuestros objetivos, pero al mismo tiempo aprender que esta es una actividad también ligada al disfrute. Después de esta primera etapa nos parece importante hacer este recuento para no caer en la vorágine de solo buscar completar una cifra, sino también dejar un legado de la mano de Andesgear compartiendo el registro completo de nuestras actividades: lo bueno y lo no tan bueno.

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Camino a la cumbre del volcán San Pedro (6.145 m). De fondo se observa el volcán San Pablo (6.092 m) que ascendimos 2 días antes en la Región de Antofagasta. Foto: Chile6Miles.

 

EL PROYECTO

Los seismiles”, como habitualmente son denominados por la comunidad montañera, están ubicados entre la Región de Arica y Parinacota y la Región Metropolitana. Esta amplia extensión geográfica hace que cada uno sea único, encontrándose algunos inmersos en la inmensidad del desierto de Atacama y otros en medio de los glaciares de la zona central; se trata de un desafío que debe ser abordado de manera independiente tanto desde el punto de vista logístico, como técnico y físico. Cada macizo nos invita a conocer distintos paisajes, realidades y culturas, y a entender que la montaña es más que una cumbre: representa también la posibilidad de percibir lo variadas que son las relaciones entre lo humano y la naturaleza

 

Nuestro proyecto no busca visitar estas montañas solo para cumplir con un número; nos interesa sobre todo documentar las rutas mediante fotografías, relatos y descripciones, además de compartir requerimientos logísticos, información que habitualmente es escasa y desactualizada. Buscamos además demostrar que personas sin ningún talento deportivo excepcional, con un trabajo de oficina y con 15 días de vacaciones al año, pero con una motivación, preparación, equipo y logística adecuados, pueden emprender estas aventuras de manera segura y exitosa. Nuestro objetivo es también apoyar y responder las dudas de aquellos decididos a iniciarse en el mundo de los seismiles a medida que avanzamos en el desarrollo de este proyecto, tal como lo hemos hecho hasta ahora.

Debido a la naturaleza de nuestros propósitos, en los cimientos del proyecto está la ética y ceñirse a los códigos de conducta establecidos por esta disciplina. Existen numerosos casos, tanto nacionales como internacionales, donde las dudas ante una cumbre supuestamente alcanzada afectan el desarrollo del deporte. Dentro de los seismiles, hay algunos emblemáticos que dejan abiertas las posibilidades a proclamar cimas que no son tales; en el volcán Parinacota (6.342 m) o en el volcán Ojos del Salado (6.893 m), por ejemplo, una vez que se llega al cráter se da por realizada la cumbre, cuando en realidad faltan considerables metros para alcanzar el punto más alto. También en el volcán Tupungato (6.570 m) muchos se conforman con llegar a la ante cumbre o cumbre norte y dar por ascendido el cerro. Este proyecto pone especial énfasis en la probidad y en rescatar los valores de antaño, donde el compañerismo, la honestidad y el cuidado del medio, son fundamentales.

 

EL AVANCE

Hasta la fecha y a tan solo un año de dar por iniciado el proyecto, hemos ascendido 12 de las 37 montañas, lo que representa para nosotros un avance considerable y nos permite cumplir con los plazos tentativos que fijamos al comenzar esta aventura.

Las montañas ascendidas hasta ahora son: volcán Ojos del Salado (6.893 m), volcán Parinacota (6.342 m), volcán Pomerape (6.282 m), volcán San Pedro (6.145 m), volcán San Pablo (6.092 m), volcán Peña Blanca (6.018 m), Nevado San Francisco (6.018 m), volcán Acotango (6.052 m), volcán Guallatiri (6.071 m), Cerro Las Tórtolas (6.160 m), Cerro Marmolejo (6.108 m) y volcán Tupungato (6.570 m). La búsqueda de estas cumbres nos ha llevado a recorrer las cinco regiones del país que abarcan los seismiles, teniendo el privilegio de conocer las distintas realidades y paisajes que las rodean.

El equipo que hemos formado es diverso, con características únicas pero complementarias, que hacen que ir a la montaña nos haga sentir seguros y podamos disfrutar en plenitud. Las expediciones han sido lideradas por Hernán Núñez (35 años) y durante este primer año el grupo estuvo compuesto por Eduardo Muñoz (58 años), Nicolás Núñez (28 años) y Germán Hitschfeld (46 años). Sin el esfuerzo de cada uno, este proyecto no sería posible.

 

LA PREPARACIÓN

Las expediciones a estas montañas requieren de una preparación física constante, subiendo cerros de distintas características y complejidades casi todos los fines de semana. A esto se suman entrenamientos en la semana, después de la jornada laboral. Montañas como el cerro Leonera (4.954 m), cerro El Plomo (5.424 m), cerro Klatt (4.182 m), cerro Diablo (4.190 m), volcán San José (5.856 m) o cerro Punta Santiago (5.083 m), entre otros, han sido nuestros centros de entrenamiento por su cercanía a Santiago. El que cada uno tenga diferentes características nos prepara de mejor manera para enfrentar las condiciones de los seismiles. Tal como decían los montañistas de antaño, la montaña se entrena en la montaña” (o dicho de otra manera: “para mejorar al subir cerros hay que… subir cerros”), porque más allá del aspecto físico, es necesario también estar mentalmente capacitado para enfrentar situaciones diversas, así como conocer al equipo y conocerse uno mismo.

Si bien mucha gente prefiere aclimatar en las mismas expediciones, nosotros preferimos aclimatar en las montañas que nos quedan cerca de Santiago como las antes mencionadas, ya que reduce los días totales de la expedición y se maximiza las probabilidades de éxito.

Dado que las condiciones de los seismiles son cambiantes y hemos tenido que modificar los planes a última hora producto de una tormenta inesperada, cuarentenas, lesiones, no poder tomar vacaciones, no coincidir con la disponibilidad de los demás miembros del equipo, problemas logísticos o mecánicos, entre otros, es que nos dispusimos a estar siempre en condiciones óptimas para emprender una expedición. Hemos decidido no prepararnos para un cerro en particular, sino estar a puntoy con la mochila armada para partir en el momento en que se den las condiciones ideales.

 

EL LADO B

Siempre existe la posibilidad de que los planes se vean alterados, pero es importante manejar la frustración y el desgaste que estas situaciones pueden lograr y tener preparados otros objetivos.

Como ejemplo de lo anterior, vimos en noviembre de 2021 una oportunidad para intentar ascender el volcán Llullaillaco (6.739 m), por lo que volamos hasta Antofagasta, pero fallaron los dos vehículos que arrendamos, echando por tierra nuestras aspiraciones de cumbre. Actuamos rápido y decidimos ir a los volcanes San Pedro (6.145 m) y San Pablo (6.092 m), en busca de ascender a este último que nos quedó pendiente anteriormente producto del mal tiempo. La experiencia nos ha enseñado a superar la frustración y nunca perder las ganas a pesar de las complejidades. Cuando las cosas salieron mal, fue cuando más aprendimos de todo y de nosotros mismos.

Una situación similar enfrentamos en febrero de 2022, cuando teníamos planificado trasladarnos al sector de Laguna Verde en Copiapó, para ascender algunos de los seismiles de fácil acceso vehicular, pero el invierno Boliviano hizo de las suyas y los niveles de nieve fueron más altos de lo habitual, evitando el desarrollo de muchas expediciones. Decidimos, por lo tanto, abandonar estos preparativos y pedir el permiso correspondiente para ir al volcán Tupungato (6.570 m). A lo anterior debemos sumar eventos como la pérdida de una carpa en plena expedición, la falla del 4×4 (automático) de un vehículo que debimos dejar en medio del camino al Ojos del Salado, congelación del petróleo de otro y no poder hacerlo partir en el refugio Atacama (5.200 m), perdida de los documentos en pleno desierto y así…suma y sigue. Sin duda esta lista de problemas se acrecentará con el tiempo, pero lo relevante es intentar minimizar su impacto y sobrellevarlos.

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Varados en medio del camino por un motor quemado en un segundo intento al volcán Llullaillaco, saliendo de San Pedro de Atacama. Foto: Chile6Miles.

 

EQUIPO Y LOGÍSTICA

Una de las preguntas recurrentes que nos realizan es acerca del equipo y cómo preparamos la logística. A grandes rasgos, contamos con un equipo de alta montaña estándar que incluye carpas de 4 estaciones autosoportantes (TNF Mountain 25), sacos de dormir (TNF Inferno -29°C), mochilas de 85 L (TNF Prophet 85), Duffels XL (TNF), cuerdas de 60 m, arneses, equipo de rescate en grietas, piolets, crampones, cascos (Mammut Wall Rider), linternas frontales de 500 lúmenes (Black Diamond Icon), cocinas multicombustible, botellas Nalgene, termos (Stanley Adventure 1 L), entre otros.

Nuestra vestimenta fue escogida por tener los estándares adecuados para soportar bajas temperaturas y otorgar la máxima confianza. Utilizamos botas dobles (Mammut Nordwand 2.1 y Scarpa Phantom 6000), chaquetas de pluma 800 con gran protección térmica, terceras capas resistentes, livianas y respirables (TNF Sumit L5 Futurelight), calcetines de lana merino (Lorpen), primeras capas tanto sintéticas como de lana (TNF y Andesgear), mitones (Hmalayan Mitt) para condiciones de frío extremo, lentes (Julbo Vermont Classic Spectron y Explorer 2.0) categoría 4 y antiparras (Julbo Airflux). Esos elementos componen el equipo principal.

 

Otro aspecto relevante es contar con un vehículo 4×4 para los acercamientos y con todo lo requerido para salir de un apuro. En nuestro caso, siempre utilizamos un automóvil bencinero (en altura, el diesel manifiesta un rendimiento más bajo y muchas veces cuesta que el vehículo parta) y de transmisión manual (evitamos los componentes electrónicos). En las expediciones llevamos también bidones de combustible extra y agua, tablas de rescate de arena y barro, neumáticos de repuesto (2), cargador de batería, inflador de neumático, pala y piola, así como un kit de herramientas básicas y otras particulares para el vehículo. Es recomendable realizar una revisión previa para evitar imprevistos y moverse por los caminos debidamente señalizados para disminuir el impacto ambiental y por la seguridad, ya a veces incluso hay minas antipersonales cerca de los senderos.

También es bueno considerar algún equipo de comunicación satelital, que no necesariamente sea un teléfono, ya que sus costos son elevados. En nuestro caso, utilizamos un Garmin Inreach, que nos permite enviar y recibir mensajes, ser monitoreados, realizar consultas climatológicas y cuenta además con un botón de rescate en caso de tener algún accidente.

 

 

 

LO QUE VIENE

El proyecto continuará con los ascensos cuando inicie la temporada de alta montaña (septiembre), con aquellos cerros que dejamos pendientes en la zona de Laguna Verde. Durante los meses de enero y febrero, en tanto, intentaremos avanzar con alguno de los tres seismiles de la Región Metropolitana que nos faltan, cuya logística y acercamiento son más complejos en términos generales y requieren una mayor cantidad de días de expedición. En el comienzo de este segundo año nos hemos planteado la meta ambiciosa de cumplir con otro tercio del proyecto.

Durante este período, el equipo se está preparando a nivel físico y técnico, además yo estoy trabajando en la documentación de las montañas ya ascendidas y explorando otros ámbitos asociados a la historia, la arqueología y el arte. La cordillera de los Andes es parte constitutiva de nuestra sociedad y un elemento determinante para algunas de nuestras características sociológicas y culturales; es por eso, que me parece fundamental aportar también desde otras áreas a través de colaboraciones con diferentes medios que serán publicadas próximamente y de la difusión del extenso patrimonio que representa la montaña.

Peña Blanca

Cumbre volcán Peña Blanca (6.030 m), Región de Atacama. Foto: Chile6Miles.

 

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