Cómo afrontar la hipotermia y las congelaciones

En ambientes de montaña -especialmente en invierno y/o a grandes alturas- estaremos expuestos a sufrir hipotermia y congelaciones. ¡Infórmate al respecto!

Tal y como dijo Rene Daumal, «ten la mirada fija en la vía a la cumbre, pero no olvides mirar a tus pies. El último paso depende del primero. No creas haber llegado solo porque veas la cima. Presta atención a tus pies, asegura tu próximo paso, pero que ello no te distraiga del objetivo más alto. El primer paso depende del último«.


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Ahora que estamos en la época de las travesías invernales, sí, fíjate en tus pies. Porque muchas veces los olvidamos: pasamos por alto el hecho de que se están entumeciendo. Tan cerca y tentadora se ve la cima que sólo anhelamos llegar a ella y obligamos a nuestro cuerpo a continuar y a hacer caso omiso a las alertas y señales que nos indican que algo no va bien. «Sólo falta un poquito más y entonces me preocuparé de mis pies», suele susurrar la mente al montañista obsesionado con la cumbre. Pero eso puede ser ya demasiado tarde.

Por eso, la «fiebre» por la cumbre es peligrosa. Peligrosa, porque se hace esperar al cuerpo. Peligrosa, porque nos auto-engañamos con una fantasía de éxito y gloria, pero que puede costar muy cara. Peligrosa, en definitiva, porque las lesiones por frío son dolorosas e incluso pueden llevar a la muerte.

Dentro de las patologías relacionadas con el frío existen la hipotermia (que afecta a todo el cuerpo) y la congelación (que tiene un efecto local).

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HIPOTERMIA

El estado de hipotermia ocurre cuando la temperatura corporal del núcleo interno cae a un rango menor a los 35°C. Allí el cuerpo pierde más calor que el que es capaz de generar. Con ese frío, los órganos comienzan a sufrir y la función cardíaca se vuelve inestable. Es de gran importancia prevenir la hipotermia en todo momento (y especialmente en niños y en adultos mayores, quienes son más sensibles al respecto).

¿Qué elementos predisponen a las personas a sufrir hipotermia? Por lo general, la hipotermia se produce tras una larga exposición a ambientes fríos: el hecho de estar horas y horas a bajas temperaturas (y no tanto por cortos periodos de tiempo frente a fríos extremos). Hay más riesgos de sufrir hipotermia al vestirse de forma inadecuada, al sufrir de fatiga o agotamiento, tener alguna lesión (y una eventual inmovilización prolongada producto de un accidente), al ingerir ciertos medicamentos, al tener una mala nutrición, al estar deshidratado y al beber alcohol (así es, ¡leíste bien! ¡Eso de que la bebida alcohólica sirve para «entrar en calor» es un mito!). Por eso, una primera forma de afrontar el problema es tomar los debidos resguardos. Ahora bien, si la persona ya ha comenzado a temblar, recomendamos también las siguientes medidas:

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  • detener la pérdida de calor: buscar un lugar protegido y abrigarse (retirar la ropa mojada, si ese es el caso; aislar al cuerpo de la humedad y crear una barrera contra el viento; utilizar el sistema de vestimenta por capas y no olvidar las extremidades: cubrir manos, pies y cabeza)
  • recalentar el cuerpo mediante el movimiento: ¡hay que animar a la persona a que produzca calor!
  • ingerir algún líquido caliente azucarado
  • aplicar una fuente de calor externa, como lo sería colocar una botella con agua caliente sobre el tórax, en las axilas y la ingle (pero ojo: acá también hay que tener la precaución de que el objeto caliente no esté en contacto directo con la piel, para no quemarla. Se puede envolver la botella en un calcetín grueso)
  • trasladar a la persona (en posición horizontal, evitando movimientos agresivos) a un centro médico, pues como se trata de una condición de emergencia, se debe tratar con rapidez para evitar la muerte de la víctima
  • brindar apoyo psicológico (mantener a la persona activa, incentivando el habla, respondiendo a estímulos)

¡OJO! En estados más severos de hipotermia, la persona dejará de tiritar. Sí habrá una torpeza de movimientos, descoordinación, pasos inciertos y caminatas inestables, confusión mental, falta de cooperación, musculatura rígida y, finalmente, inconsciencia. Una persona gravemente hipotérmica parece estar muerta, pues puede que resulte muy difícil percibir su pulso o advertir su respiración. En caso de que la víctima sufra un paro cardiaco, la reanimación cardiopumonar (RCP) debe ser prolongada.

CONGELACIONES

Las congelaciones ocurren cuando una parte del cuerpo se expone a temperaturas inferiores al punto de congelación de la piel intacta. Las zonas distales (pies y manos) son las más desprotegidas frente al frío y, a su vez, las más expuestas. Pero también puede ocurrir que una oreja, nariz o mejilla quede a la intemperie, por no haber quedado bien cubierta, y sufra las consecuencias. Existen diversos grados o niveles, desde lesiones superficiales hasta ya daños profundos e irreversibles. Pero el cuerpo nos da signos para advertir cuándo estamos frente a un principio de congelación y por eso, hay que actuar de inmediato.

Nos encontraremos ante un principio de congelamiento cuando sintamos que la parte afectada está fría, entumida, que hormiguea o presenta un dolor punzante.  La parte corporal se siente rígida y dura y adquiere un color blanquecino-pálido, como la pata de un pollo congelado de supermercado. La piel también puede ennegrecerse y presentar ampollas.

¿Cómo evitar congelaciones? Hay que procurar que los pies estén secos y abrigados (en invierno y con nieve o hielo es mejor usar calzado con doble bota) y lo mismo con las manos (los mitones abrigan más que los guantes con dedos). Hay que calentarse los dedos mientras aún se sienta cosquilleo y dolor y no esperar a que queden insensibles.

¿Cómo afrontar una congelación? En estos casos, es importante:

  • buscar refugio de inmediato
  • retirar joyas, anillos y otros materiales de las zonas afectadas
  • no frotar (eso puede producir más daño)
  • recalentar la parte afectada con agua caliente entre 37° y 39°C (en agua con antiséptico si es posible) hasta que la piel se vuelva suave y flexible al tacto (lo que puede tardar unos 30 minutos). Hay que evitar que se vuelva a congelar la parte corporal afectada una vez que ya haya entrado en calor
  • colocar una gasa seca y limpia sobre la parte afectada
  • administrar una aspirina o ibuprofeno si la persona no tiene contraindicación
  • siempre hay que mantenerse hidratado
  • trasladarse de inmediato a un centro hospitalario y dejar el tratamiento especializado al médico competente
  • brindar apoyo psicológico (y mantener a la persona activa, incentivando el habla, respondiendo a estímulos)

Los miembros del grupo tienen que saber, por lo tanto, cuándo renunciar a la apreciada cumbre. Si alguien de la cordada está tiritando, hay que prestar atención y no dejarse llevar por la pasión. El llamado es, por lo tanto, a estar atentos ante los signos y síntomas que presente el cuerpo. Si una persona está con hipotermia y congelaciones, primero hay que estabilizar la hipotermia(por muy dramáticas que se vean las congelaciones, su tratamiento vendrá después), porque la hipotermia es potencialmente mortal.

En definitiva, prevenir es mejor que reparar. Chequea siempre las condiciones del terreno y el clima y abrígate como corresponde. Para que tu aventura salga como lo planeas, ¡equípate con los especialistas en outdoor!

Agradecimiento especial a Natalia SeguelEnfermera de la Universidad Austral. Diploma in Mountain Medicine UIAA/ICAR/ISMM. Instructor Wilderness Emergency Care.

Fotografías por Carlos Lastra.


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