Dormir en la nieve: ¿cómo armar un campamento invernal?

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campamento invernal

Lee nuestros consejos para armar un campamento más seguro y confortable en la nieve.

El montañismo invernal es una de las actividades más hermosas que nos puede entregar la naturaleza. Los cerros, que durante el verano se “secan” o que apenas conservan algunas manchas de nieve vieja, durante el invierno vuelven a revivir, entregando momentos y sensaciones únicos, propios de la temporada blanca. ¡Pero cuidado! De la misma manera que quedamos maravillados, podemos correr riesgos por no estar atentos a las condiciones presentes en la montaña, cuando vamos de campamento.

Campamento

Con la pala, es posible construir muros usando la nieve a modo de ladrillo. Esto protegerá la carpa ante las ráfagas de viento. Foto: Adolfo Dell Orto.

 

Uno de los momentos que amerita especial atención y cuidado durante una salida es el del campamento sobre la nieve. Tanto si este es planificado como improvisado, es posible adaptar la situación para tener una noche o sitio de descanso más confortable y, a su vez, más seguro.

El campamento invernal ofrece alternativas variadas en su construcción: desde simples bloques de nieve levantados a modo de muro hasta cuevas o complejos iglús, construidos con paciencia y esfuerzo. Para cada uno de ellos primero hay que estar seguros de que no solo la construcción ha sido bien hecha, sino también que su emplazamiento sea en el lugar adecuado.

Dependiendo del terreno, la nieve permite instalar, por ejemplo, una carpa en una ladera en la cual sería imposible hacerlo si esta estuviera seca. Basta con palear un poco para dejar la base horizontal, levantar un par de bloques de nieve y listo, ¡el campamento incluso tira pinta! Pero ojo, puede que se encuentre cerca de o derechamente en una senda de avalanchas, muchas veces no apreciada cuando se alcanza el campamento de noche (error de cálculo) o cubierta con nieve recién caída (error de fecha) o ambos (doble error).

Separaremos algunos tips en dos: “seguridad” y, por su parte, “construcción”.

Campamento

Es sumamente importante leer bien el terreno para ubicar el lugar más seguro. Allí habrá de instalarse el campamento, lejos de sendas de avalancha, suelos inestables, cursos de agua ocultos, etc. Foto: Adolfo Dell Orto.

1. SEGURIDAD

Primero, hay que tener claro cuál es el lugar que se visita, información acerca de él. Documentarse, revisar mapas, obtener datos de gente que haya ido recientemente, incluso con empresas que trabajen en el sector, etc. ¿Qué tipo de información? Toda la necesaria que permita levantar un campamento que ofrezca todas las condiciones de seguridad.

En invierno, el suelo se encuentra cubierto de nieve y, por tanto, aunque suene de perogrullo, no sabemos qué hay debajo. Puede haber rocas, matorrales, troncos, cursos de agua, también grietas de glaciar, etc. Probablemente, un valle abierto de altura en la zona central no sea más que un espacio limpio, ¿pero cómo es en el sur del país, por ejemplo? ¿O en cotas más bajas? No sabemos y esa información la podemos encontrar haciendo averiguaciones mínimas y básicas. 

¿El cajón es estrecho o se cierra hacia la zona donde se quiere acampar? Pues entonces es fundamental leer bien las pendientes para evitar avalanchas. No basta solo con alejarse de ellas: algunas pueden recorrer valles a lo ancho e, incluso, trepar por las laderas opuestas.

Por lo tanto, debemos analizar la longitud de la ladera (qué tan larga es), el ángulo de la pendiente propicia para deslizamientos (entre 30º y 45º; no promedio, cuidado con esto) y sus características: si es una ladera “lisa” o “rugosa”, si tiene árboles o arbustos, si posee concavidades o surcos, si está cubierta de hierba, si es pródiga en bloques y afloramientos de roca sobre la ladera, si hay glaciares en algún punto, si se visualizan cornisas en las aristas cercanas, dónde caen los rayos del sol y dónde hay sombra, etc. Todo lo anterior son puntos de debilidad y con ello, de alerta, porque evitan que se asiente el manto nivoso. Y, por tanto, pueden incidir en su inestabilidad.

En fin, esta etapa es crítica y compleja, pero fundamental para así evitar problemas; la buena noticia es que existen medios para encontrar información. 

Otro tema a considerar —antes de instalar cualquier tipo de campamento—es tener claro dónde se encuentran los cursos de agua en caso de que no sean visibles. Recomendamos leer bien el terreno —con ayuda de una carta o mapa— para identificarlos, y así evitar pisar algún puente de nieve inseguro que nos haga caer al agua. 

En caso de estancias prolongadas, es útil contar con jalones (simples bambúes marcados con cintas de color en su extremo) para indicar la orilla del río o estero, o bien dejar bastones, piolets, esquíes, etc., mientras nos lo usemos para señalar. Esto ayuda no solo para evitar mojarnos, sino también para ahorrar mucho combustible y tiempo al momento de tener que obtener agua. A su vez, entrega a los más valientes una opción de baño invernal.

2. CONSTRUCCIÓN

Ok, el terreno es apto. ¿Qué hago? Depende. Sí, esa es la palabra mágica en montañismo, porque todo depende: según la cantidad de días, las manos disponibles, el tiempo-cronológico, el tiempo-clima, la calidad-cantidad de la nieve, la dinámica de cansancio-motivación-flojera (poco recomendable), etc.

Opciones hay varias, depende de qué encontremos en terreno, pero algunas alternativas de manual para un campamento invernal podrían ser estas:

PARA TERRENOS LLANOS

  • Campamento invernal: terraza con bloques de nieve formando un muro de protección frente al viento, para instalar una o varias carpas, incluso con poca nieve; también es posible hacerlo en laderas con más pendiente, siendo menos trabajoso pues en ese caso, parte del muro es la misma ladera desde donde removemos la nieve. Es una opción rápida de construir y no requiere de tanta nieve.
Campamento invernal

Protecciones ante los vientos para un campamento invernal más confortable. Foto: Adolfo Dell Orto.

 

  • Trinchera: básicamente, se cava una especie de rectángulo con forma de “T” invertida (o “tumba”) con una profundidad suficiente para poder estar “casi” de pie, normalmente para dos personas; se cierra el techo con bloques de nieve tipo casa “A”, grandes y sólidos; de otra manera, existe una alta probabilidad de despertar durante la noche de manera no muy agradable. En general, se trata de una alternativa rápida y simple de construir, pero precisa de bastante nieve.
  • Iglú: son las construcciones más complejas, no solo por lo delicado de levantar un techo de nieve —sin que la gravedad juegue en contra—, sino que además es imposible con nieve de mala calidad o poco cohesionada. Los bloques se deben “tallar” siguiendo la línea de una espiral.

    Fuera de los aspectos de una construcción que requiere esfuerzo, es a todas luces la que tira más pinta y, en su interior, la temperatura es bastante “agradable”. Es bien trabajoso y toma bastante tiempo, pero una vez listo, estar en su interior en el saco de dormir es una tremenda experiencia.
Iglú

Iglú a medio camino, en construcción. Se requiere de paciencia y meticulosidad para que quede bien. Foto: Adolfo Dell Orto.

 

  • Iglú de nieve compacta: es una buena alternativa cuando no hay nieve suficiente o su calidad es regular. En el fondo, consiste en apilar nieve formando una especie de campana para luego ser apisonada y así darle más consistencia; luego se remueve la nieve en su interior dejando un espesor suficiente como techo. Es una muy buena opción cuando la nieve no es de buena calidad, pero hay que tener paciencia para apisonar correctamente.
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En las actividades de montaña, la pala debe ser metálica. Las de plástico podrían doblarse, quebrarse o simplemente no penetrar en la nieve. Es recomendable contar también con una sierra para cortar los bloques de nieve.

 

PARA TERRENOS CON PENDIENTE

  • Cueva: Es una excelente opción para un grupo mayor de personas (de 3 a 5, incluso más); toma bastante tiempo hacerla, pero al contar con varios pares de manos, resulta menos laborioso. Formas hay varias: con entradas tipo túnel, puerta abierta a lo ancho completo, con bloques de nieve formando un muro o tipo madriguera, cual topo, etc.

    El tamaño dependerá de la profundidad y espesor del manto, pero como referencia mínimamente deberá ser del largo suficiente para que sus moradores puedan recostarse en su interior y, al momento de sentarse, no golpearse la cabeza en el techo. Ojo con palear más nieve de lo aconsejado, pues se puede adelgazar el espesor del techo.

    Para quienes les guste la decoración, este tipo de campamento permite tallar en sus paredes interiores espacios para dejar el equipamiento de todos, como lámparas, ollas, cocinilla, tazones, cascos, libros, floreros y más, con resultados asombrosos. Excelente opción para estancias prolongadas.
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Ambiente al interior de una cueva. Amplitud y espacios para dejar utensilios, incluso “decoración” si se quiere. Foto: Adolfo Dell Orto.

BENEFICIOS DE DORMIR “DENTRO” DE LA NIEVE

La temperatura al interior de un iglú o de una cueva es bastante agradable o, al menos, soportable. Esto se debe a que la temperatura de la nieve ronda en torno a los 0ºC (al menos no en la superficie), por lo que una vez adentro y bien envueltos en el saco de dormir, es más que tolerable. Y al tratarse de una bóveda blanca, una sola vela es capaz de iluminar y reflejar su luz en las paredes adentro. ¡Topísimo!

Otro punto importante es que en este tipo de construcciones el viento no se siente (tal vez algo más en las trincheras); se pierde menos temperatura que en una carpa y definitivamente resulta muchísimo menos estresante que pasar la noche viendo cómo se sacuden las paredes de estas, resultando angustiante e impidiendo dormir con tranquilidad.

Dato: en todos los casos anteriores resulta clave poner un nylon o un footprint en contacto con el suelo antes de colocar las colchonetas para ganar algo más de aislación y, principalmente, para mantener secos tanto a la colchoneta como al saco de dormir y el equipamiento. La manera de instalarse debe ser, lógicamente, horizontal, pero dejando un excedente vertical de al menos 15-20 cm, que se apoya en las paredes de nieve, para así evitar estar el contacto directo con esta si el interior resulta algo estrecho.

 

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