¿Cómo elegir una mochila de trekking portabebé / portaniño?

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Averigua en qué debes fijarte para ser una madre/padre todoterreno y disfrutar de la naturaleza en compañía de tu hijo.

FAMILIA OUTDOOR

Convertirse en madre/padre no es sinónimo de detenerse o hacer un “alto” en la vida deportiva, sino todo lo contrario: aquí empieza la aventura más desafiante de todas, porque la maternidad/paternidad es como una larga expedición, una que no termina nunca, porque los hijos en algún momento se van, pero uno nunca deja de ser madre/padre.

Al tener un hijo, éste se convierte en tu nueva “cordada” (palabra que viene del griego y significa “con cuerda”). Tu “cordada” es tu compañero de ruta, es quien está unido a ti por una cuerda (en el caso del hijo, primero es la umbilical; luego, la de la aventura outdoor en sí). En tanto que tu cordada, lo debes cuidar y proteger.

PEGADO A TI

Por eso es importante que para toda salida a la que vayas con tu hijo veles adecuadamente por sus necesidades. En este punto hay varios factores a considerar. Uno de los más importantes es la mochila: tiene que ser la correcta para la excursión a realizar. Con ella podrás recorrer con tu pequeño una serie de senderos no aptos para coches (empinarte por laderas pronunciadas, pasar por piedrecillas, pastizales, raíces o nieve, etc.) y también cargar todo lo necesario para la excursión. Es una forma de ganar autonomía e independencia.

En el mercado existen diferentes modelos de mochilas portabebé/portaniño y para ayudarte a elegir la mejor para ti y tu hijo, hemos distinguido esta serie de puntos a tomar en cuenta:

 

1.- LA COMPOSTURA DEL NIÑO SEGÚN LA EDAD

No todas las mochilas son aptas para niños de cualquier edad. Antes de los 6 meses de edad, por lo general los bebés se llevan adelante, apoyados contra el pecho del adulto, en lo que podría ser un fular (una especie de tela que se adapta al cuerpo) o una mochila portabebé pequeña y ergonómica. Algunos modelos cuentan con dos posiciones de transporte: mirando hacia el adulto o con el bebé volteado, mirando hacia la calle. Esta manera de cargar, tipo canguro, contribuye al apego y transmite calma al bebé, porque puede ir oyendo la respiración de su padre/madre e, incluso, sentir las palpitaciones de su corazón.

Estos portabebé, sin embargo, no permiten cargar nada, sólo al bebé, por lo que en una salida todo lo demás -pañales, mamadera, muda extra, etc.- tendrá que ir en una mochila aparte. A su vez, si el trayecto a recorrer es largo, puede ser algo cansador para el adulto llevar ese peso directamente sobre los hombros y el pecho, ya que este tipo de mochilas no permite que el peso descanse sobre las caderas (como lo hace una mochila grande de trekking).

Recién cuando el bebé ya puede permanecer sentado y con la cabeza erguida, controlando bien su cuello (lo que por lo general ocurre entre los 6 y 8 meses), se puede utilizar una silla portabebé con una estructura rígida y que el adulto se pone cual mochila de trekking en la espalda. Aquí el niño ya va sentado y no a modo de un “bultito” acurrucado sobre el pecho del padre/madre.

2.- EL PESO DEL NIÑO

Los bebés crecen muy rápido y, asimismo, aumentan de peso en poco tiempo. Por lo general, esas mochilas para bebés chicos (bajo los 6 meses) permiten un peso de hasta 10-13 kg. Los portabeniños tipo mochila de trekking, en cambio, pueden llevar una carga de hasta 20 kg y poco más. Es decir, con eso puedes cargar en la espalda un niño de hasta casi 3 años. Considera, entonces, comprar una mochila que te dé el máximo de vida útil, que puedas usar desde los 7 meses hasta que el niño ya pueda caminar por su cuenta de forma continua.

Ojo: debes incluir en este cálculo también el peso que suponen los demás implementos que debes llevar a toda excursión y el peso de la mochila misma (que podría rondar los 2,5 kg – 3 kg). Por eso, lo cierto es que si el padre/madre está entrenado, disfrutará tanto más la excursión, ya que deberá resistir la marcha con todo eso en la espalda, cual montañista que sale de expedición. Lo ideal es que a mochila se asiente sobre las crestas ilíacas del adulto, al igual que una mochila grande de trekking/montañismo, para que todo el peso no recaiga en los hombros y no termines con dolores de espalda. El peso se tiene que transferir a la cadera del adulto. Piensa que debe sentirse ojalá igual a una mochila de 65 litros con 18-20 kg de peso, como si te fueras a ir a Torres del Paine.

Cuando el niño que va en la mochila ya es grande (2 años y más), a veces basta que realice un movimiento brusco para que, como adulto que lo carga, pierdas el equilibrio. Ayúdate con bastones para mantener la compostura y también para distribuir ese peso.

3.- COMOCIDAD Y ROBUSTEZ

Hay mochilas portaniño minimalistas (más simples) y otras con armazones firmes y telas reforzadas. Desde luego, la ventaja de las primeras es que son más ligeras. Sin embargo, el niño ahí no va tan firme. En una caminata, la mochila se mueve constantemente y es posible que el niño, si no va bien sujeto, se bambolee de un lado a otro. Por eso, sugerimos optar por mochilas que vengan con acolchados, amarres extra y telas reforzadas, para que realmente vaya cómodo y no se golpee.

Así, busca aquel portaniño que te inspire confianza, considerando que tenga correas ajustables para los hombros y la cintura, un arnés y un buen marco de soporte. Algunos modelos cuentan incluso con reposapiés o estribos para que los pies del niño no vayan colgando libremente.

Otra cosa que ocurre con frecuencia es que el niño se quede dormido en medio de una excursión. En ese caso, la cabecita cederá y tendrás que evitar que quede colgando. Por eso, fíjate en la forma y textura de la mochila portaniño: que tenga una almohadilla para la barbilla y que sea de tela suave tipo “babero” (ojalá lavable, que se pueda quitar y poner), y procura que los bordes de la mochila sean también suaves y que tengas la posibilidad de poner un pañal de tela o “tuto” entre el cuerpo del niño y el borde de la mochila, para que pueda reclinar ahí su cabecita y seguir durmiendo mientras avanzas.

El punto de la comodidad y robustez también aplica al adulto, desde luego. Algunas mochilas son más ergonómicas y acolchadas que otras; además, hay algunos modelos que son solo para mujeres, otros para hombres y otros, unisex. Éstos últimos suelen presentar posibilidades de ajuste, como por ejemplo, regular la altura a la que queda el niño. Por eso, lo mejor es que te las pruebes in situ y compares la sensación que te genera un modelo y otro.

Mochila

La mochila para el niño tiene que ser firme y robusta: cargará lo má preciado que hay en tu vida. Pero también tiene que ser suave para no irritar la piel delicada del bebé. Foto: Francisca Hernández.

4.- PROTECCIONES

Además del acolchado para que el bebé no se golpee y para el adulto mismo que debe cargar todo el peso, existen modelos (justamente no los minimalistas) que ofrecen protecciones contra el sol, el viento y las precipitaciones. Esto es muy importante, porque el trekking se puede ir a la ruina si el niño termina insolado o con los ojos llorosos debido a la brisa o mojado y enfermo. Esas protecciones consisten, por lo general, en un toldo/visera/sombrilla y plásticos cobertores que protegen al niño, aislándolo de la intemperie.

De todas formas, en niños mayores de 6 meses, nunca olvidar el protector solar.

5.- COMPARTIMENTOS

La gracia de las mochilas portaniño es que permiten salir a una excursión de forma autónoma: cuentan con espacios para cargar todo lo necesario para el bebé y también para el adulto que lo carga. Así, con la adecuada organización, no te faltará ni comida ni abrigo y esto, sin tener que llevar mochilas o bolsos extra. Es muy importante que revises, entonces, que el compartimiento principal (que por lo general está debajo del asiento del niño propiamente tal) sea lo suficientemente grande como para meter ahí pañales y el kit de baño completo (superficie para mudar, toallitas húmedas, bolsa de basura, crema regenerativa, alcohol gel), abrigo (lo que incluye también algo para recubrir la cabeza), muda extra de ropa (siempre que se sale con un bebé hay que llevar ropa de recambio), kit de primeros auxilios. En los bolsillos y mallas laterales puedes poner la colación y los bebestible (botellas de agua para beber y también para lavarse las manos; una mamadera que no chorree, jugo o leche en polvo, un termo con agua caliente, etc.). También puede ir ahí uno que otro juguete o entretención de acuerdo al panorama (por ejemplo, un largavista, una lupa, un peluche pequeño, un autito).

Es importante que no te olvides también de ti: debes llevar tus propias cosas en estos compartimentos. Algunos modelos incluso incluyen un espacio para meter una bolsa de hidratación con manguera (tipo camelback), para que puedas seguir caminando e hidratarte sin tener que tener una botella en la mano.

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Los niños adoran los paseos. Sobre la mochila no sólo sienten que avanzan sin cansarse, sino que también adquieren otra perspectiva: ven todo desde la altura, una posición desconocida para ellos. Y, desde luego, también está el hecho de sentir que se comparte una actividad en contacto directo con mamá o papá: ¡qué puede haber mejor que eso! Foto: Francisca Hernández.

HAZ PAUSAS

Es muy importante detenerse con frecuencia (cada 1-2 horas) en medio del recorrido:

  • para asegurarte de que el cuello del bebé no quedó en una posición incómoda (especialmente si se ha quedado dormido).
  • puede que al niño se le duerman las piernas. La posición sentada puede afectar su circulación y entumecer las extremidades. Esto puede ser grave si es que el adulto no se da cuenta a tiempo, más aún si el niño se queda dormido, si no sabe cómo verbalizar su molestia o si hace una dosis de frío. Esto es igual que en la silla nido (el “huevito”) para el auto: allí tampoco debes dejar a un bebé por un tiempo demasiado prolongado, porque la posición le puede causar daño e, incluso, asfixia. Entonces: nunca cargues a tu hijo por más de 2 horas seguidas sin hacer una pausa. Bájalo de la mochila y dejar que gatee, camine y explore un rato, que estire sus piernas.
  • evita darle de comer mientras caminas con él en la espalda. Se podría asfixiar y no tendrás la oportunidad de verlo y/o atenderlo rápidamente. Es mejor dejar el picnic para la pausa.
  • chequea constantemente su estado y que esté a la temperatura adecuada. Es decir: puede que, por la agitación y el esfuerzo físico, sientas que el ambiente está como para andar en polera. Pero el niño siempre debe ir vestido con una capa de ropa extra.
Caminata

Es importante chequear constantemente la temperatura del niño. Puede que el adulto no sienta frío debido al ejercicio físico y todo lo que lleva encima. Sin embargo, hay que considerar que el niño no se está moviendo, no está generando el mismo calor y, cuando es pequeño, siempre debe llevar una capa de ropa más que el adulto. Hay que cuidar especialmente la cabeza, las manos y los pies. Foto: Heidi Busse.

NO ES UN VALE TODO

Hay ciertas actividades que no te recomendamos hacer con un niño en la espalda por temas de seguridad. Evita equilibrarte en rocas y escalar; los portabebés no están pensados para actividades técnicas, ni para el ciclismo o el ski. Prefiere senderos seguros y sin abismos escarpados. Tampoco lleves a tu hijo a cotas altas (sobre los 3.000 m). No está adaptado a ello, no lo pasará bien y también podría resultar perjudicial para su salud, por muy abrigado e hidratado que esté.

Revisa siempre la etiqueta e instrucción de la mochila, pues ahí salen todas las especificaciones (edad, peso para el cual está pensado, etc.) y si tienes dudas, consulta con un pediatra.

 

NUESTRA RECOMENDACIÓN

Como mamá de tres niños aventureros, que ha recorrido senderos tanto en el norte del país como en Patagonia cargando a sus hijos, recomiendo la mochila portaniño marca Deuter debido a:

  • su larga vida útil (desde los 6-7 meses hasta los 2-3 años). La excelente calidad de su confección hace que también sea «heredable» de un hermano a otro, que se pueda prestar a primos o hijos de amigos
  • el modelo firme, ajustable y cómodo
  • los grandes compartimentos (hasta 18 l) que, bien utilizados, permiten llevar todo lo necesario a una excursión ligera
  • los accesorios (estribos, cobertores, visera, etc.)
  • es plegable (para un transporte más fácil en, por ejemplo, el auto)
  • el único «contra» es que la pura mochila pesa cerca de 3 kg, ¡pero con entrenamiento todo es posible!

 

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