Del mar a la cumbre: una aventura en packraft por las profundidades de Aysén

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Aventura en packraft por Aysén, río Gualas

A la hora de elegir un bote todo terreno, el packraft puede volverse una opción más versátil y cómoda que un kayak inflable. En esta aventura por la región de Aysen, un grupo de aventureros cuentan los motivos que los harían volver a usar esta embarcación inflable para regresar a navegar las aguas de la Patagonia.

Versatilidad y libertad son fundamentales a la hora de emprender aventuras de navegación. Los packrafts o pequeñas embarcaciones inflables que apenas pesan un par de kilos, ocupan tan poco espacio estando desinflados que incluso caben dentro de una mochila. Y aunque pueden ser menos eficientes que un kayak de travesía, brillan cuando hay que cargarlos durante largas caminatas por tierra. Con esto, estas embarcaciones son ideales para cruzar fiordos, ríos o lagunas y echarlos a la mochila cuando hay que atravesar un denso tramo de bosque.

Desde ahí, basta con echar un vistazo a la geografía de la Patagonia para entender por qué su popularidad ha aumentado tanto en los últimos años.Nuestro equipo integrado por David Cossio, Agustín Ferrer, Martín Hurtado, Emil Stefani y Víctor Zavala, nunca olvidará la gran certeza que nos dejó nuestra primera expedición en packraft: su potencial es tremendo y con ello, se vuelve prácticamente una obligación planear nuevas aventuras en el agua.

Packraft por río Gualas
Uno de los integrantes se prepara para remar el río Gualas. ©Víctor Zavala.

Desde ahí partió la búsqueda mirando imágenes satelitales e indagando en relatos y libros donde decidimos recorrer los poco explorados valles de los ríos Gualas y Sur, al norte del Parque Nacional Laguna San Rafael, en plena región de Aysén, e intentar un primer ascenso en el sector.

Antes, al menos 3 expediciones se habían embarcado en un circuito similar. Entre ellas, Antofaya, conformado por Jaroslaw Zygmunt Wieczorek y Rianna Riegelman, en 2008; Pablo Besser y José Mijares, en 2015 y Jan Dudeck y Meylin Ubilla, en 2019. Con estos datos, contactamos a Besser, Dudeck y Ubilla, para recabar información y asegurar el éxito de nuestra aventura. No obstante, nunca se había intentado un ascenso en el sector por el cerro innominado que nos planteábamos nosotros y desde ahí, fue esencial planificar la ruta gracias a algunas fotos tomadas por Pablo Besser y a los consejos de Camilo Rada.

Aventura en packraft por Aysén navegación por estero elefantes
Aventura en packraft por Aysén navegación por el estero Elefantes. ©Martín Hurtado

Un golpe de suerte

Con todo listo y tras un año de entrenamiento y preparación, el 29 de septiembre volamos rumbo al sur. Dicen que la aventura no comienza hasta que algo sale mal. Bueno, pues en nuestro caso, el viaje comenzó en el aeropuerto de Balmaceda, cuando nos enteramos de que uno de los petates de David, había sido enviado a Sao Paulo. Parecía casi una broma. El equipaje iba a parar a un lugar caracterizado por su clima tropical, cuando todo lo que llevaba dentro era para soportar las penurias del frío, viento y agua.

Tras varios alegatos nos anunciaron que la maleta llegaría, con suerte, en tres días más, pero no podíamos esperar. El pronóstico indicaba una marcada ventana de poco viento para los siguientes tres días, ideal para remar los esteros Cupquelán y Elefantes. Hasta entonces, sabíamos que oportunidades como esta se cuentan con los dedos de una mano en Patagonia y no se pueden dejar pasar. Y así, empezó un frenesí por llamar a todo contacto conocido en Coyhaique o Puerto Río Tranquilo, suplicando por cualquier implemento que nos pudieran prestar. Hecho est, y con una eficiencia que nos sorprendió, en menos de 5 horas habíamos conseguido un traje seco, una mochila de montaña, un piolet de marcha, pantalón impermeable, guantes, gorro, baterías externas e incluso hélices de dron.

 

Gracias a las gestiones, ese mismo día y absolutamente agotados, llegamos de noche a Puerto Grosse, en Bahía Exploradores. Allí, nuestro amigo, Daniel Torres, nos esperaba con el fuego prendido, la cabaña templada y una cerveza para conversar un rato. El preámbulo perfecto.

En packraft por los canales ayseninos

Durante los dos primeros días remamos rumbo al sur, por los canales de los esteros Cupquelán y Elefantes. La primera jornada, estuvo continuamente interrumpida por unos malditos pinchazos que hacían que mi bote se desinflara cada media hora. Si navegar por el mar en una embarcación inflable suena a mala idea, hacerlo con una que se hunde, es aún peor.

Aventura en packraft por Aysén - descanso en estero elefantes
Descanso del equipo en el estero Elefantes. ©Víctor Zavala.

Al día siguiente, tras reparar el packraft y para compensar las pérdidas de tiempo sufridas durante el primer día, remamos prácticamente sin parar durante casi 13 horas. Con un día de inusual calma, casi sin un atisbo de viento, la Patagonia nos abría sus puertas para internarnos por las zonas más viscerales de su geografía. Las paleteadas eran persistentes y remábamos rodeados por empinadas laderas coronadas por nieve que reflejaban de forma casi perfecta los coloridos tonos de nuestras embarcaciones en el agua. Al final del día, ya cansados, armamos un campamento en la desembocadura del río Gualas, rodeados por una bandada de cisnes de cuello negro que alzaban el vuelo entre graznidos y aleteos.

El itinerario del tercer y cuarto día, consistió subir el río Gualas, pero por tierra. Para hacerlo, nos pusimos los arneses de montaña y arrastramos los botes cual trineo sobre la nieve. Algunos tramos secos nos obligaban a portear la carga en 2 viajes y mientras avanzábamos, muchas de nuestras conversaciones nos hacían soñar despiertos, pensando en cómo los antiguos grupos humanos recorrían estas hostiles tierras con herramientas de piedra y madera. Nosotros, pensábamos, no podríamos pasar ni media noche sin GORE-TEX, TIZIP, H2NO y cuanta tecnología en las que solemos gastar cuantiosas sumas de dinero.

Aventura en packraft por Aysén río Gualas
Último tramo del río Gualas, antes de llegar a la laguna que le da origen. ©Martín Hurtado.

Patagonia salvaje

La mañana de la cuarta jornada fue un lunes. Entonces, armamos nuestro campamento en la ladera sur de la Pequeña Laguna Gualas (topónimo no oficial de nuestra autoría) y nos preparamos para la llegada de la lluvia, el viento y el frío. Nuestro siguiente objetivo era intentar subir el cerro “innominado”, pero para ello, necesitaríamos de una segunda ventana climática.

Pidiendo pronósticos vía mensajería satelital a distintos amigos en Santiago nos quedó claro que nuestra única oportunidad para ascender –si la había– sería los días sábado y domingo. Desde ahí, decidimos partir el jueves, bajo lluvia y granizo, para adelantar a pie, un tramo de roca y de bosque que nos separara de la nieve. La roca, cubierta de musgo y húmeda por los días de lluvia, estaba tan resbalosa que nos obligó a poner dos cuerdas fijas. Así, un tramo que habíamos estimado recorrer en una o dos horas, nos tomó más de cinco.

Pequeña Laguna Gualas
Vista de la Laguna Gualas y de la Pequeña Laguna Gualas. Desde la altura, se puede ver el valle del río Gualas por donde accedimos. ©Agustín Ferrer.

El bosque que venía después tampoco resultó ser más amigable. Si bien no era tan tupido como esperábamos, era tan escarpado que en más de una ocasión daba la sensación de estar escalando en hielo, haciendo puntas frontales y clavando los piolets directamente en el musgo. Esa noche armamos campamento en el límite superior del bosque, encima de un húmedo mallín y absolutamente empapados. Esa jornada nevaba tan fuerte que decidimos quedarnos en las carpas, aunque por suerte, a ratos salían unos miserables rayos de sol que mendigábamos buscando secar algo de ropa.

Bosque húmedo de las profundidades de Aysén.
El grupo adentrándose por el bosque húmedo de las profundidades de Aysén. ©Víctor Zavala.

Una ventana incierta

Felizmente, la madrugada del sábado nos regaló un cielo totalmente despejado y estrellado, marcando por fin, una nueva oportunidad para comenzar el ascenso. Ya de día, caminamos hacia el norte por un filo de roca y nieve que se tornaba sucesivamente más agudo. La vista era sobrecogedora. Hacia abajo y al este, se abría el enorme valle por el que fluye el glaciar Gualas. El filo, marcado por prominentes torreones, torcía hacia el este para dar paso a la cumbre, por una ruta que no tenía más dificultades técnicas que un traverse algo expuesto y una travesía en glaciar que claramente sería larga y lenta de recorrer.

Aventura en packraft, escalada en glaciar Gualas

Con el bosque de fondo, subimos el gigantesco glaciar Gualas. ©Emil Stefani.

Por entonces, las laderas estaban completamente cargadas de nieve producto de 5 días de precipitaciones intensas. Con un rápido vistazo, pudimos contar 13 rastros de avalanchas y más tarde, veríamos otras dos caer justo por donde habíamos planificado la ruta.

Tras una paneo general y mediante ensayos, testeamos la resistencia del manto, que resultó ser muy pobre. Quedaba entonces zanjado que no transitaríamos por la cara sur del cerro, pero quizás en el lado norte, tendríamos mejores condiciones.

Aventura en packraft por Aysén, Glaciar Gualas
El grupo descansando en una pequeña terraza de hielo en el glaciar Gualas. ©Martín Hurtado.

Cuando buscamos un punto que nos permitiera cruzar del otro lado, la Patagonia nos recordó por qué tantas de sus cumbres permanecen vírgenes: en poco más de 30 minutos pasamos de un despejado día de primavera a un crudo invierno. Así, la dudosa ventana que en teoría duraría el fin de semana, había durado apenas siete miserables horas. Desde ahí, decidimos bajar, y fue la mejor decisión:  nunca paró de nevar, llover y granizar durante los siguientes ocho días.

Escalada y hielo glaciar en Aysén

Tras dos jornadas y varios largos de rapel, logramos bajar hasta el campamento base. Desde ahí, y sin ventanas cercanas para intentar otro ascenso, nos dedicamos a pasear y conocer los alrededores. Una breve excursión al inexplorado valle del río San Valentín y una tarde de escalada en hielo en el glaciar Gualas. Fue una gran experiencia y nos mantuvo entretenidos.

Aventura en packraft por Aysén, disfrutando en una grieta de glaciar
El equipo disfrutando de una grieta de glaciar. ©Víctor Zavala.

Hacia el final de la jornada, se acercaba la fecha de nuestro vuelo a Santiago y teníamos que abandonar estos hermosos valles que nos habían acogido por unas breves semanas. Remontamos el río que separa la Pequeña Laguna Gualas de la laguna Reichert. Este curso, a diferencia del río Gualas, no era fácilmente navegable, por lo que tuvimos que realizar algunos porteos que hicieron más larga la tarea.

Glaciar Reichert
El glaciar Reichert, hace años llegaba hasta donde se tomó esta foto. ©Emil Stefani.

Así, luego de unas horas, llegamos a la laguna Reichert y la cruzamos hasta su extremo septentrional sin mayores dificultades. Antiguamente, el glaciar que da nombre a la laguna, la dividía en dos, hasta aproximadamente el año 2000. Hoy, producto del acelerado cambio climático, tanto este glaciar como el Gualas, han retrocedido tanto que ya están próximos a abandonar el agua y quedar completamente apoyados sobre roca. Las evidencias geológicas de un pasado reciente cubierto por hielo abundan, pues las laderas todavía están poco colonizadas por la vegetación y es fácil ver las rocas arañadas por el agua congelada.

Las sorpresas del bosque

Durante el tramo final,  atravesamos la zona de bosque que nos separaba de la Laguna Sur. Allí estaba otro recuerdo más del pasado glacial ya que, más que bosque, caminamos por lo que antes había sido el cauce de un río que hoy yace abandonado. Este curso era el desagüe natural de la Laguna Reichert. Con el cambio climático y al retirarse este glaciar, el nivel de la laguna bajó, dejando desprovisto de agua al río y secándolo casi por completo. Hoy, solo quedan unas pozas alargadas que, afortunadamente para nosotros, mantienen la vegetación a raya.

Así y luego de una intensa jornada, llegamos a la Laguna Sur: uno de los sitios más lindos que nos tocó conocer. La cruzamos hasta su extremo norte, donde armamos campamento sobre húmedos juncos. Al día siguiente, bajamos el caudaloso río Sur, que nos arrastró casi sin esfuerzo y en poco tiempo hasta Puerto Grosse, no sin antes entretenernos sobre el packraft con sus numerosos y largos rápidos.

Aventura en packraft por Aysén - Río Sur
Navegación en packraft por los rápidos del río Sur, al norte del Parque Nacional Laguna San Rafael. ©Víctor Zavala.

Días más tarde, tras una aventura explorando lugares remotos y prácticamente vírgenes, teníamos la sensación de volver a la realidad después de haber estado aislados en un mundo mágico y oculto, casi como si el escritor C.S. Lewis nos hubiera lanzado a Narnia y Puerto Grosse, hubiese sido el ropero que nos devolvía a la realidad. La capacidad que tiene una experiencia en la naturaleza, como esta, no debe ser subestimada, dado que modifica la manera en que percibimos el mundo y sociedad que nos rodea. A la larga, no necesariamente volvimos mejores, pero sin dudas, cambiados.


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