El Plomo en bicicleta: ¡un sueño dos veces hecho realidad!

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¡Lee la historia de Helene Manche, primera mujer en alcanzar la cumbre de 5.424 m en bicicleta y que hoy va por más!

Era mi sueño y lo logré: subir y bajar el cerro El Plomo (5.424 m) con mi bicicleta y no solo una vez, ¡sino que dos veces! Nunca pensé que fuera imposible; la verdad es que siempre supe que lo iba a lograr. Desde luego, este desafío me exigió mucha paciencia, dedicación y, sobre todo, mucha determinación, mucho más de lo que pensaba… En este artículo te contaré el camino que he recorrido para realizar dos veces este gran desafío.

 

EL CERRO EL PLOMO

El Plomo es una montaña emblemática para cualquier andinista. Con sus 5.424 m, es el cerro más alto visible desde la ciudad de Santiago y un paso casi obligatorio para cualquier persona que quiera desarrollarse en el mundo de la alta montaña. Además, tenía un significado especial para nuestros antepasados, los incas, quienes organizaban expediciones de varios días para subir sus laderas y realizar rituales de agradecimiento (lee más al respecto aquí).

 

MOTIVACIONES

Recuerdo la primera vez que vi El Plomo: corría el año 2017, llevaba 3 semanas en Chile y había ido a trotar hasta el cerro Pintor para conocer la Cordillera de Los Andes. Yo, que soy francesa, no conocía la alta montaña, porque en Europa no existe de esta forma. El Plomo me fascinó, lo encontré muy especial y lindo.

Un año después, en 2018, vi un documental (“El Guardián del Valle”) que unos chicos lo habían subido y bajado en bicicleta. Hasta entonces, yo nunca había ido a El Plomo siquiera a pie, pero ya mi primer pensamiento fue “¿mi bici aguantará hacer lo mismo?”.

Un año después ya había realizado varias salidas con mi bicicleta: cerro Pintor, campamento base del volcán San José, valle del Arpa, cerro San Ramón… Al final de la temporada de verano de 2019 decidí ir a El Plomo y, finalmente, conocer al gigante que me fascinaba. Llevé mi bici hasta el campo base Federación, la dejé ahí y llegué a la cumbre caminando. En ese momento supe que volvería a pisarla, pero con la Naranjita, mi bicicleta de ese entonces que me esperaba en Federación.

Cuando llegó el verano 2019/2020, tenía varios objetivos deportivos en mente, pero en realidad solo quería que se concretara uno en especial: la ascensión a El Plomo en bicicleta. Identifiqué dos elementos importantes para lograr mi objetivo: la aclimatación y la preparación de mi cuerpo para poder estar horas con la bicicleta al hombro. La solución fue simple; dediqué la mayor parte de mis fines de semana a entrenar más arriba del Bike Park de La Parva (@skilaparva), recorriendo y acampando, muchas veces también sola para ampliar mi resistencia mental. Lo cierto es que llegué a estar muy cerca de obsesionarme con mi objetivo; ¡no quedaba mucho espacio en mi cabeza para pensar en otras cosas! Muchas veces dudé de lo que estaba haciendo, pero tenía algo súper claro: quería subir y bajar El Plomo en bicicleta y lo iba a lograr.

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PRIMERA VEZ: LA APUESTA

  • Primer día: llegar hasta Agostini

Entonces llegó EL fin de semana decisivo. Con mi cordada Waldo Uribe (@waldouribe) habíamos decidido irnos el viernes a dormir en el domo del Bike Park La Parva para poder empezar el día sábado más tranquilos, ya estando arriba. Pasadas las 8:30 AM tomamos el andarivel del Bike Park y a las 9:00 estábamos ya en la Laguna Piuquenes. La subida hasta Federación la pude hacer casi completa empujando la bicicleta. Sabía que el día siguiente sería con bicicleta al hombro el 100% del tiempo y quería descansar mi espalda al máximo para lo que se venía.

Llegando a Federación, me dio un sueño terrible. Nuestro plan era llegar hasta el Refugio Agostini (4.600 m) el primer día, pero el asunto se veía complicado dado mi estado de cansancio. Me sentí súper frustrada porque el tramo Piuquenes – Federación lo había hecho muchas veces, conocía cada subida, cada piedra… ¡y justo en la salida decisiva mi cuerpo tan entrenado me estaba fallando! Almorzamos y me quedé dormida unos 30 minutos. Este descanso me hizo muy bien; de hecho, desperté con toda la motivación. Entonces fuimos a buscar agua y nos preparamos para seguir. La primera mitad de la subida la hicimos sin problema. Nos sacamos fotos, nos reímos; ¡estábamos tan felices de vivir lo que estábamos viviendo!

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Cuando nos faltaban 200 metros de subida para llegar al refugio, los dos empezamos a sentirnos muy cansados; nubes enormes empezaron a bajar de la cima de El Plomo trayendo mucho frío. Me acuerdo de que íbamos rotando: yo iba primera y Waldo me seguía, después él iba primero y yo lo seguía. Así lográbamos motivarnos para lo poco que nos quedaba. La última subida antes de Agostini se hizo eterna. Llegamos como a las 18:30 hrs y mi única preocupación era encontrar agua de la forma que fuera antes de que llegara la noche.

Para limitar el peso habíamos decidido subir desde Federación con muy poca agua y muy poca comida; tampoco llevábamos gas ni olla para derretir nieve o cocinar. Fue una verdadera apuesta subir en esas condiciones. Unos 50 metros arriba del refugio encontramos una mancha de nieve dura. Me quedaba la mitad de agua en el Camelback y la mitad de una botella. Decidimos mezclar la nieve con el agua que nos quedaba y con el calor del saco de dormir esperamos que se apurara el proceso de derretimiento durante la noche.

Nos metimos en el refugio, comimos unos fideos fríos con cúrcuma que había preparado en la casa, Waldo reclamó que yo le había echado demasiada cúrcuma… Y entonces llegó el frío y cada uno se metió en su saco. Nos pusimos de acuerdo sobre la hora para despertar y ¡nos dormimos!

 

  • Segundo día: subir, subir y superarse

La alarma sonó a las 4:58 hrs. Me di vuelta hacia Waldo todavía en mi saco de dormir y le pregunté cómo había dormido. Me respondió que no había dormido nada y que le había dolido el estómago toda la noche. Le pregunté si seguía con dolor y me contestó que sí. Con esas dos respuestas entendí que iba a ser imposible hacer cumbre. Me di vuelta hacia el otro lado pensando en que ya haber llegado hasta Agostini había sido todo un logro y que vendría otra oportunidad para hacer cumbre. Entonces Waldo salió para ir al baño y me quedé dormida. Cuando volvió me desperté y pensé que quedaba una esperanza mínima para que quisiera y pudiera hacer cumbre ese mismo día, así que decidí preguntar: “¿Qué haremos? ¿Vamos o no?”. Un “Sí, vamos” me llegó de vuelta. ¡Wow! Entonces me senté, empecé a comer algo y a alistar mis cosas para salir… ¡antes de que Waldo cambiara de opinión!

Salimos del refugio alrededor de las 5:40 AM; algunas personas ya venían llegando desde Federación y agradecí haber tomado la decisión de dormir en Agostini y no haber tenido que subir más temprano los 500 metros de desnivel que hay entre el campamento base y el refugio.

Así, nos fuimos en medio de la oscuridad, cada uno con su bici, y empezamos a subir el acarreo gigantesco que hay para llegar a los 5.000 m de altitud. Iba súper concentrada porque este acarreo era para mí el lugar en donde uno se apuna. Iba despacio, respirando, escuchando mi cuerpo. El sol ya se había levantado cuando finalmente logramos pasar las rocas al final del acarreo. Entonces sentí que nada podía pararme; todo fluía y era solo respirar y dejar que todo aconteciera. Sin embargo, Waldo iba detrás mío y le costaba avanzar. A veces lo escuchaba gritar; supuse que gritar lo ayudaba a vencer el cansancio y a superarse…

 

Un poco antes del glaciar Iver descansamos. Waldo ya se veía mejor. Cruzar el glaciar con la Naranjita en la espalda ya era realizar una parte de mi sueño. Durante la última subida había nieve en el suelo; era todo muy lindo, ¡me sentía tan bien…! Cuando llegué al final de la última subida esperé a Waldo para que hiciéramos los últimos metros juntos. Cuando llegamos a la cumbre, no podía creer que era real… eran las 12 hrs: mi bici, mi amigo y yo estábamos en la parte más alta del cerro El Plomo.

 

  • Segundo día: bajar, empujar y llegar al límite

La primera parte de la bajada fue muy entretenida; hay algunas opciones para salirse del sendero y meterse a laderas muy ricas. Después del glaciar las cosas se complican un poco porque hay una sección con piedras grandes y después viene el acarreo en donde si uno se tira derecho es casi imposible subirse a la bici por la pendiente y lo resbaloso que es el terreno. Pero casi al final del acarreo perdí la paciencia y decidí tirarme derecho hasta Agostini sin seguir las curvas del sendero. Después de unos minutos de freeride que no tenían precio, me desconcentré y me fui para adelante. Aterricé boca abajo en las piedras y una de ellas me pegó justo por debajo del esternón. Se me cortó la respiración por unos instantes que me parecieron una eternidad y se me hizo un hoyo en la parka de pluma que llevaba puesta… ¡Las plumas empezaron a volar mientras me enfocaba en poder respirar!

Llegando de vuelta al refugio Agostini, descansamos por más de 1 hora y alistamos nuestras cosas para seguir bajando. Pero ahí el cansancio empezó a pegarme; me costaba mucho respirar y concentrarme para andar. La bajada hasta Federación es muy entretenida y técnica, pero con el peso de la mochila y el cansancio no fue tan fácil disfrutarla. Cuando llegamos a la sección que está arriba de La Hoya, Waldo iba primero y no vi por dónde había pasado. Así, me metí por una parte que tenía una placa de hielo escondida por debajo de una capa de tierra. Me fui para abajo con la Naranjita sin poder controlar nada. Cuando logré estabilizarme en la pendiente empecé a llamar a Waldo para que me ayudara. No podía mover ni un dedo; si no, me iba a ir de nuevo para abajo. Pero Waldo ya estaba lejos y no me escuchaba, seguramente por el viento. Me quedé esperando. Después de un tiempo llegó a mí. Al llegar, se metió justo por donde había hielo, se resbaló hasta donde estaba yo y de una nos fuimos los dos algunos metros más abajo. Menos mal nos pudimos estabilizar y logramos sacar mi bici y luego logramos subir hasta el sendero. ¡Después de todo esto no me quedaba mucha energía!

Para no atrasarnos demasiado, decidimos seguir de una sola tirada hasta Piedra Numerada. La bajada entre Federación y Piedra Numerada es una de mis bajadas favoritas e intenté disfrutarla lo más posible. Waldo andaba súper bien y me tenía que esperar. ¡Ahora era yo quien gritaba para superar sus límites!

Pasamos el sector de Piedra Numerada y sabía que se vendría una parte de subidas largas y bajadas cortas. Esta era una sección que recorría en 1 hora cuando entrenaba, ¡pero aquel día la hice en cerca de 3 horas! Llegué a Piuquenes casi durmiendo, empujando la bici apenas. Waldo se quedó atrás mío todo el rato y fue una tremenda ayuda. Cuando vimos por fin el Bike Park nos tomamos un descanso; eran las 20:00 hrs, la aventura se estaba terminando, nos abrazamos y agradecimos por todo lo que habíamos vivido. Para bajar por el Bike Park anduve literalmente en piloto automático. ¡Menos mal que la Naranjita se conocía cada curva y cada piedra de las pistas!

Unos días después de lograr la cumbre empecé a pensar que sería genial lograr esta cumbre con otra mujer en su bicicleta.

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SEGUNDA VEZ: COMPARTIR

En octubre del 2020 conocí a Braulio y Nadia (@_braulio_vera y @nadita.blueberry), una pareja de ciclistas con experiencia en hacer cumbres con bicicleta. Empezamos a ir al cerro juntos y después de unas salidas le propuse a la Nadia llegar a la cumbre del Cerro El Plomo juntas en bici, lo que ella aceptó con mucho entusiasmo. Así, ¡otro sueño se iba a realizar!

¡Después de un proceso de aclimatación de unos dos meses -pasando por las cumbres del cerro Provincia, cerro Pintor, cerro Leonera y tres noches en el C3 del Volcán San José- estábamos listas para la gran aventura! A esta expedición fuimos 4 personas: Braulio, la pareja de Nadia y Nicolás (@nicolas.villar89), una amigo mío montañista que también andaba en bicicleta. Para asegurar la cumbre seguimos un itinerario un poco menos exigente: esta vez serían 2 días y medio. Nuestro plan era llegar a Federación el viernes, llegar a dormir al refugio Agostini el sábado, hacer cumbre el domingo y descender el mismo día hasta el estacionamiento del Bike Park.

 

Entonces salimos desde el Bike Park de La Parva durante la tarde del día viernes para llegar al refugio que está ubicado en Federación. Alcanzamos los 3.800 m de altitud algo cansados, cuando el sol ya estaba declinando. Decidimos acampar a esa altura para reponer energías y poder seguir hasta Agostini al día siguiente. Durante la tarde llegamos al refugio Agostini; todavía nos quedaban varias horas de luz y decidimos portear las bicicletas hasta los 4.700 m con el objetivo de salir más cómodos y livianos para el ataque de cumbre del día siguiente.

Una hora después empezamos el ascenso, todos muy concentrados. A los 5.000 m de altura, entre piedras sueltas y rocas, la menor falla técnica o de pilotaje puede costar caro. Sin embargo, todo resultó bien y pudimos alcanzar la cumbre.

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La primera parte del descenso es muy entretenida; cada uno va fluyendo en el sendero o buscando su propia línea. Sin embargo, los brazos y las piernas se agotan rápido y los pulmones piden cada vez más aire. Así llegamos al refugio Agostini muy eufóricos y después seguimos bajando hasta el refugio Federación para tomar un descanso, comer algo y recoger las cosas que habíamos dejado allí el día anterior. Aún nos quedaban unas horas de descenso y de aventura antes de poder descansar (de verdad), ¡pero lo habíamos logrado! ¡Había compartido la cumbre tan anhelada con más amigos y con otra mujer, tal y como lo había soñado!

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SIGUEN LOS SUEÑOS

Lograr la cumbre del Cerro el Plomo con una bicicleta me motivó a seguir subiendo montañas cada vez más altas y a soñar en grande. En enero del 2021 le propuse a la Nadia ir a Tanzania a subir el Kilimanjaro (5.995 m), la montaña más alta del continente africano, con nuestras bicicletas. En febrero 2021 creamos Big Mountain Girls (@bigmountaingirls) con el objetivo de unir fuerzas y planificar la expedición. Vamos bien encaminadas hacia otro sueño y nos importa mucho poder compartir lo que estamos viviendo con más personas y, especialmente, con más mujeres para que todos podamos plantearnos objetivos grandes y cumplir nuestros sueños.

 

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