Las alturas de Tortel

«Una preciosa caminata de medio día por el cerro El Vigía en Caleta Tortel nos muestra las vistas más bellas del famoso poblado de las pasarelas de ciprés.»

UN ENCLAVE DE AISLAMIENTO

Caleta Tortel –el famoso poblado de las pasarelas de ciprés– es una de las localidades más aisladas de la Región de Aysén. Los que hemos tenido la suerte de haber llegado hasta ahí sabemos lo aislado que está, puesto que para acceder debemos llegar ya sea por transporte terrestre en un viaje de dos días desde el norte, por Carretera Austral, o en una larga navegación en ferry de varios días desde Puerto Montt o Puerto Natales. Y, sin embargo, es un destino que vale totalmente la pena.

EL CLÁSICO

En primer lugar, aquí hay que recorrer sin apuro, al estilo patagónico, sus casi ocho kilómetros de pasarelas echas a pulso por los antiguos de Tortel con el hermoso árbol nativo del ciprés de las Guaitecas, especie que atrajo a sus primeros habitantes por la buena calidad de su madera (a diferencia del coigüe, la madera del ciprés no se pudre). Sin embargo, debido a su extracción sin límites hoy cuesta encontrarlo.

De punta a cabo, todos los miradores y vistas hacia el seno Baker en Caleta Tortel nos dejan sin respiro. Pero existe un trekking que no dura más de dos horas que es muy recomendable para obtener vistas desde lo alto de este poblado donde no viven más de 500 habitantes, y que, por cierto, es escasamente visitado. Los días soleados del verano son el mejor aliado para hacerlo, ya que evitamos que llueva y los días son más largos, pero una buena chaqueta y bototos impermeables no impedirá disfrutarlo en un día invernal de lluvia copiosa.

SENDERO EL VIGÍA

Accedemos desde el estacionamiento de vehículos, en la rotonda, donde hay un punto de información turística y un mapa tanto del pueblo como del sendero al que vale la pena tomarle una foto con el celular.

Es probable que un grupo de simpáticos perros lo sigan en la travesía, más conocidos como los «guías turísticos» de Caleta Tortel. No hay que temerles. Son mansos y conocen todo el camino como la huella de su pata. Desde ahí tomamos las pasarelas que suben hacia la Escuela de Caleta Tortel, seguimos ascendiendo escaleras hasta el desvío que nos lleva hasta el «Sendero Bandera» o «Cerro Vigía». Al doblar a la izquierda, de inmediato comienza un camino «envaralado», es decir, con varas sobre el barro que debemos sortear hasta el primer mirador. En ese punto, a unos diez minutos del comienzo de la caminata, tendremos nuestra primera gran vista fotográfica a toda la desembocadura del río Baker y detrás, secundándolo, el hermoso cerro Las Heras.

POR EL FILO

Cuando accedemos a la meseta más plana, hacia la derecha, otro mirador nos sorprende con una vista del poblado de Caleta Tortel: sus techos de zinc, sus fachadas de tejuela de ciprés, las lanchas que van de un lado para otro, el bosque impenetrable sobre el agua turquesa…

Más adelante, nos adentramos en un terreno más agreste de piedras y arbustos marcado por balizas blancas con flechas, que nos ayudan a no perder el rumbo. El descenso ya comienza por el cerro El Vigía (que ya podemos entender que tiene ese nombre porque desde todos los puntos se puede vigilar la panorámica de este increíble territorio). Justo antes de la bajada divisamos los fiordos y canales, montañas acantiladas de jungla inaccesible, un territorio laberíntico y tentacular que antiguamente estuvo cubierto por masas glaciares. Los colores lechosos del río Baker junto al agua turquesa de los fiordos marcan contrastes bellísimos.

EL MERECIDO DESCANSO

Finalmente, comienza la bajada que nos lleva al extremo sur de Caleta Tortel, también marcado por balizas de madera blancas con flechas. Hay que estar atento para no perder el sendero, sobre todo si ha llovido recientemente. En ese caso, especial atención al barro que hace muy resbalosas ciertos sectores y los inunda, sobre todo cuando no encontramos lugares secos donde poner el pie y comienza nuevamente el sector «envaralado», que nos conectará con el lado sur de Caleta Tortel, el sector de Junquillo y de Playa Ancha.

Ya estamos listos para descansar y, más tarde, disfrutar de un buen calafate sour y una cena tradicional tortelina con centolla, pulpo, róbalo y hierbas locales en restaurantes como «Sabores locales», en el sector Rincón Bajo, donde atiende la amable y conversadora cocinera Martiza Reyes. Y si se busca alojamiento, muy recomendable es la hostería «Brisas del Sur» o para algo más sofisticado, el Lodge «Entre hielos».

 


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