Marmot lidera experiencia inédita entre los prístinos bosques del Parque Tagua Tagua

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Alerces milenarios, ríos cristalinos y diversas especies de fauna salvaje son parte de esta área protegida de 3.000 hectáreas, donde existe uno de los senderos de trekking más intactos de la Patagonia. En este escenario, Marmot lideró una experiencia que busca  promover las aventuras en la naturaleza para todas las edades. 

A las cinco de la mañana, el cielo estaba por caerse. Al sur, en la región de Los Lagos, la primavera parece haberse retrasado y en Puerto Varas, llovía a chuzo el sábado de noviembre en que un equipo de 12 personas se embarcó rumbo al oriente, hacia la cordillera de aquellas latitudes.

Hasta ese momento el plan era simple y consistía en conducir hasta el río Puelo, a 110 kilómetros al este de Puerto Varas. Luego, el itinerario continuaba tras avanzar hasta el embarcadero de Punta Canelo, ubicado a orillas del lago Tagua Tagua, para finalmente, tomar una barcaza que conduciría al equipo hasta la entrada del Parque Tagua Tagua. Allí comenzaba la aventura liderada por la marca Marmot que consistía en caminar 6,5 kilómetros hasta la Laguna de Los Alerces para retratar la belleza prístina de una de las zonas protegidas más bellas e intocadas de Chile.

 

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Para llegar se debe atravesar en una barcaza el lago Tagua Tagua. ©Paolo Ávila

Según Nicolás Barros, Marketing Manager de Marmot y uno de los integrantes del equipo, “Marmot es una marca cuya esencia se distingue por disfrutar de la vida en la naturaleza generando comunidad”. Desde ahí, añade: “El plan era demostrarle a la gente lo que hay realmente en Chile. Para enseñar que no es necesario irse a Europa o al Sudeste Asiático para meterse en la profundidad del bosque. Todo lo contrario, es cosa de ir y tan solo explorar en profundidad la Patagonia”.  

Dicho esto, comenzaba la aventura en el agua. Barros aún recuerda que su primera impresión en el parque fue de sorpresa, pues la barcaza abandonó al equipo completo frente a unas inmensas rocas y se fue. “Navegamos por 20 minutos hasta la entrada del Tagua Tagua y nos dejaron en unas piedras. Literalmente no hay muelle ni nada y tuvimos que trepar por unas cuerdas para llegar a la entrada del lugar”, relata.

Ese preciso momento era el comienzo de la excursión. 

Marmot Parque Tagua Tagua

El parque cuenta con una cuidada estructura de puentes y escaleras. ©Paolo Ávila

Camino a la laguna de alerces del Tagua Tagua

En las entrañas del Parque Tagua Tagua se puede conocer un bosque antiguo y sano. Allí, las 3.000 hectáreas de reserva salvaguardan un ecosistema donde notros, ñirres, coihues, alerces y lengas, son los protagonistas de toda una escenografía verde que se va entrelazando en una red tupida de vegetación de montaña.

Para Nicolás Barros, justamente este entorno fue uno de los elementos más asombrosos del camino, pues allí, “la naturaleza estaba tan viva como intacta”, dice. “Había todo tipo de árboles gigantescos con una rica vida de líquenes, musgos y hongos que parecían de película”.

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Para llegar al parque hay que trepar unas gigantescas rocas. ©Paolo Ávila

En este escenario comenzó el ascenso de cuatro horas y media donde el agua estuvo presente casi la totalidad de la jornada. “Todo el camino estuvo lloviendo a chuzo y por la ruta había pozas gigantes, con barro. Rápidamente quedamos empapados y a medida que nos acercábamos al refugio de la Laguna Los Alerces, empezó a nevar”, recuerda. “Ahí las manos se nos congelaron pero menos mal ya estábamos a minutos del refugio”.

De camino, recuerda Barros, se sorprendían con el mundo de plantas, lianas y hongos. “El guía nos mostraba los anillos de los árboles y cómo aprender a cuidar la naturaleza. Estos paisajes nos enseñan de dónde venimos”, dice Barros y añade que el parque está muy bien señalizado. “Por el sendero queda al descubierto el poder de la naturaleza pues nos encontramos con una serie de derrumbes provocados por la lluvia. Como llovió toda la jornada, en un minuto escuchamos una explosión. Sonaba como dinamita, pero era un derrumbe provocado por el agua. Era impresionante”, señala. 

Tras 6,5 kilómetros de ascenso, el equipo llegó al medio día al refugio Los Alerces: una cuidada estructura de madera que se despliega frente a una laguna de color azul profundo, cubierta por alerces muertos. A esa altura, todos estaban completamente mojados cuando se resguardaron del agua junto a una cómoda cocina a leña. “Ahí nos calentamos un poco, tratamos de secarnos y almorzamos. Luego de una hora, había que bajar de nuevo y nos volvimos a poner los bototos de trekking empapados y nos preparamos para bajar”, añade Barros.

 

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Al final del trekking el equipo Marmot se dedicó a compartir un asado. ©Paolo Ávila

Desde el refugio, relata, el paisaje era alucinante. Hacia la cordillera se veían todas las puntas de los cerros cubiertos de nieve y hacia la tarde, el equipo encontró un momento despejado para bajar nuevamente de regreso a la entrada del parque. “La bajada nos hizo entrar en calor y rápidamente regresamos sin novedad a la entrada del Tagua Tagua”.

Tras la experiencia, Nicolás Barros señala que Chile tiene lugares prístinos que no imaginamos que existen. “Son sitios que tenemos al lado y no aprovechamos”, dice y luego sostiene que esto es justamente lo que buscan potenciar desde Marmot. “Tenemos que aprovechar el paisaje de nuestro país, nuestra cordillera, la Patagonia. Hoy ya estamos planeando nuevos viajes para volver a dar a conocer estos lugares poco visitados que son realmente impresionantes”, finaliza.

 

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Marmot auspició el viaje para fomentar las salidas a la naturaleza en la Patagonia. ©Paolo Ávila


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