Nevado Marmolejo: ascendiendo el 6 mil más austral del mundo

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He aquí una descripción detallada del ascenso por la ruta normal a una montaña muy desafiante.

Tras 5-6 días de duro ascenso y luego de rodear el cono cimero para continuar por el sendero hacia el este, convencidos a rabiar que la cima se encuentre “arribita nomás”, aparece al fondo una cumbre que se encuentra lejos, muy lejos; para ponerse a llorar. ¡Pero…! Si levantamos la cabeza, enfilamos fuerte y derecho hacia la arista, la sorpresa es mayúscula, pues el cerro no faltó a la verdad y, efectivamente, su cumbre estaba ahí, escondida, calladita, muda testigo de nuestros esfuerzos, poniendo a prueba toda nuestra fortaleza mental. Ya no queda nada (o no tanto). Sí, ¡cumbre!

Ya se imaginarán lo sobrecogedor e impresionante que resulta pararse sobre esas últimas piedras donde se acaba la montaña después de un brutal esfuerzo de varios días y, así, apreciar todo lo que la rodea y recordar lo vivido hasta ese instante. Sí, no hay palabras. Créanme.

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¡Qué cerro más helado! Foto: Adolfo Dell Orto.

 

EL MÁS AUSTRAL

El nevado Marmolejo es la montaña más austral del mundo; en latitudes más hacia el sur no existe otra montaña que supere esta barrera, por lo que atrae la mirada de muchos montañistas nacionales y extranjeros. Dirán que esto es sólo una estadística —y lo es—, pero desde los albores de esta actividad ha sido un factor importante al momento de escoger objetivos y superarlos. En definitiva, es una cuestión personal.

 

CAMPAMENTOS Y RUTA

Consta de 3 campamentos luego de comenzar la marcha de aproximación. Esta puede ser realizada con el apoyo de mulas de carga —muy recomendable—, pues son varios kilómetros (cerca de 15) antes de alcanzar el primero de ellos, aproximadamente a 3.350 m. Hace ya mucho tiempo, en mi primera visita a esta montaña y cuando aún era joven y no bello, hice la aproximación sin el apoyo de mulas… Listo, debut y despedida; desde entonces, estoy 100% de acuerdo en apoyar a los arrieros locales.

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Estero El Marmolejo hacia La Engorda. Foto: Adolfo Dell Orto.

El primer campamento —cómodo y, en general, protegido— se alcanza luego de media jornada al menos de caminata y transcurre por valles —La Engorda— y cajones que se estrechan en algunos tramos, pero en general se trata de un día largo y no pesado. Ojo con los cruce de ríos (ver consejos).

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La arista maldita del día 2. Foto: Adolfo Dell Orto.

 

El día 2 es, para qué andamos con cuentos, bastante agotador, pero no es tan largo, fíjense. Resulta que el campamento 1 está a lo pies prácticamente de la ruta a subir, un largo y tortuoso filo que gana altura rápidamente. La huella está bien marcada, no hay acarreos inestables (salvo un breve tramo) y, tras unas 4-6 horas de ascenso, de dura lucha e infinitas groserías a la indefensa arista, se alcanza el campamento 2, a 4.300 m aprox., una amplia zona para acampar y provista de buenas pircas. ¿Las vistas? Uffff, tremendas, de verdad hermoso; la cumbre, además, se ve ahí nomás (obvio que no).

EL PROBLEMA

Todo lindo hasta ahora, salvo que… puede que no haya agua. Sí, puede que no. Resulta que históricamente el agua se obtenía de 2 fuentes: un pequeño estero que se generaba en las tardes a unos 100 m del campamento por la fundición de la nieve próxima a una quebrada y, el segundo, de los penitentes a un costado del mismo campamento. Bueno, el primero dependía de la nieve que se acumulaba más arriba del campamento por lo que, en caso de no haber, se acudía al segundo. El tema es que ahora ya no existe esa segunda fuente, sólo depende de la temporada de nieve. ¿Solución? Cargar agua desde el C1 (pesado) o bien caminar más arriba en busca de nieve (pesado-pesado).

SIGAMOS SUBIENDO

El campamento 3 (a casi 5.000 m) es -paradojalmente- el menos exigente de alcanzar. Apenas 600 m de desnivel y de pendiente bastante amistosa, salvo en su última sección, que gana altura rápida pero pesadamente. Este punto cuenta con varias opciones para acampar y, al tener el cada vez más reducido glaciar cerca, la opción de agua está a la mano. Incluso, en las tardes corren algunos hilos de agua cercano al campamento debido a la fundición de la nieve. Es, de verdad, un mirador privilegiado de no sólo la cumbre del objetivo central, sino de imponentes cimas aledañas como Loma Larga, Cortaderas, San José, Nevado Piuquenes, etc. Ahora sólo falta ir por la cumbre. Nada más.

 

EL DÍA DE CUMBRE

Como en todo cerro, apenas suena el despertador de madrugada (2-3 AM) las ganas de lanzarlo carpa afuera son en extremo tentadoras. “Qué sueño, qué frío, qué hago aquí”. Buscamos excusas para no salir del calorcito del saco. Una mínima brisa que apenas sacuda la carpa es suficiente motivo para presagiar una tormenta de proporciones bíblicas y, con ello, volver a esconder la cabeza en el saco. “Ya, levantémonos, para eso hemos venido”. Muy cierto; ya habrá tiempo para dormir.

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¡Pucha que cuesta levantarse en el campamento alto a 4.950 m! Foto: Adolfo Dell Orto.

 

Más allá del frío y viento que pueda esperarnos al salir de la carpa, si tenemos suerte suficiente y hay luna, el brillo de esta sobre el glaciar es toda una postal. No estoy seguro de que bajo esas condiciones den muchas ganas de hacer tomas sobre trípodes, piedras o mochilas y probar exposiciones, pero dan ganas de inmortalizar ese momento. Quien se motive, ganará una imagen tremenda.

Hace no muchos años, el glaciar rozaba prácticamente el campamento, pero en el último tiempo —tristemente— ha retrocedido bastante dejando desnuda la tierra donde antes hubo hielo y acrecentando el tamaño de los infames penitentes que esperan algunos metros más adelante.

¡A MOVERSE!

El primer tramo del ascenso transcurre, primero, sobre una explanada de hielo-tierra, para dar luego paso a una amplia arista, hoy penosamente cubierta de grandes penitentes, escuchándose permanente y ruidosamente de parte de los montañistas que los atraviesan saludos constantes a su progenitora. Nuevamente se corrige la dirección de la ruta hacia una sección de tierra, plana y expuesta, denominada “La Isla”, a unos 5.150 m aprox. Algunas cordadas escogen este lugar para acampar, ganando así algunos metros de altitud. La verdad y, en mi humilde opinión, no encuentro que sea una buena zona pues es expuesta al viento como un ventanal abierto de par en par desde todos los ángulos, además de no poseer buenas pircas de protección. Cuestión de gustos.

 

EL HIELO

Ya sobre el glaciar mismo, comienza el verdadero cuidado que hay que tener: las temibles grietas. Sí, las hay y muchas y el tramo a recorrer del glaciar es grande. Y caer dentro de una no es gracia, para nada. El autor de esta nota cayó en una hace unos 10 años, mientras iba abriendo ruta de noche y solo, con el grupo de gente bastante más atrás. Literalmente el suelo se acabó y caí, no mucho, pero lo suficiente como para desaparecer de la superficie. El roce entre las rodillas flectadas y la mochila evitó que continuara más abajo (capaz que hayan quedado sólo 5 cm de caída; ni idea) y la salida fue un “agárrate de lo que puedas” porque, en una jugada magistral, llevaba el piolet cuidadosamente guardado en la mochila, pudiendo haber sido de gran ayuda. En fin, ejemplos de lo que NO hay que hacer.

Entonces, sí, hay que encordarse en ese tramo. “Pero si no pasa nada, para qué llevar peso extra; vamos con cuidado nomás, yo nunca me he encordado, ¿para qué?”.

Pensaba lo mismo. Además, dependiendo de la cordada, cargar una cuerda liviana y un poco de material repartido entre todos no es tanto peso añadido. ¡Ah! Y saber qué hacer en caso de caída, pero si son cuidadosos, el grupo es relativamente homogéneo en experiencia (y peso) y llevan la cuerda tensa, probablemente ni sientan la caída de un compañero.

 

EL CONO

Sí, el cono. Parece cerca —como todo cerro—, pero, ciertamente, no lo es. Hace casi 20 años, siendo mi primera visita a este cerro, tras salir del glaciar se podía alcanzar un sendero que cruzaba “horizontalmente” el cono por el sur relativamente cerca de la arista cimera, pero hoy hay otros senderos que nacen bastante más abajo, pudiendo crear alguna confusión al momento de escogerlos. La razón es porque el glaciar ha retrocedido enormemente, por lo que ahora esa travesía se puede comenzar desde cotas menores.

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El cono final del seismil más austral del mundo. Foto: Adolfo Dell Orto.

 

Y LO ÚLTIMO

Tal como mencioné al inicio, uno de los momentos clave de este día de cumbre es cuando aparece una montaña al fondo (este), generando una decepción enorme debido a su lejanía. La cima se escapa. Digo “clave” en términos de decisión, pues varias cordadas (las he visto a lo lejos) han optado por volver creyendo equivocadamente que aquella lejana cumbre era el objetivo.

 Pero no, muy por el contrario, no hay que siquiera pensar en esto, pues ese es precisamente el minuto en el que hay que subir fuerte y derecho, sin desvíos, sin vueltas ni rodeos, sin buscar señal en el celular para publicar en redes sociales excusas para bajar, nada. Sólo hay que motivarse a mil, dar un paso tras otro, apoyarse en los bastones, mantener un buen ritmo respiratorio, olvidarse del monólogo interno que no para de dar vueltas en la cabeza y tratar de cambiar del dial la canción que lleva 8 horas repitiéndose y, convencidos a rabiar que luego va a terminar, al menos, el ascenso, hasta finalmente alcanzar el punto más alto. Para qué les cuento más, la cumbre que les espera es tremenda.

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Llegando a la cumbre, el glaciar ha quedado atrás. Foto: Adolfo Dell Orto.

 

LA CUMBRE

¡Felicitaciones! Un par de fotos… y a bajar.

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¡Rozando el cielo! Foto: Adolfo Dell Orto.

 

¿Y EL FRÍO?

Bien, gracias, ¿y Ud.? Qué quieren que les diga, ¿que no es tanto? ¿Que es un poquito más frío que El Plomo? “No, si bien abrigaditos van a pasar piola”. Las pinzas. ¡Qué cerro más helado! Y ventoso, más encima. Bueno, olvídense de estas líneas tan poco estimulantes y a equiparse de la mejor manera, poniendo siempre máxima atención en manos y pies; el resto, de alguna manera, es arreglable, pero las extremidades sufren como nadie.

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Los vecinos, de izquierda a derecha: Punta Italia, Cortaderas y Loma Larga. Foto: Adolfo Dell Orto.

 

CONSEJOS

Ojo con los cruces de ríos, pues durante las tardes el estero Marmolejo trae mucha agua. En la marcha de inicio no hay problema, pues se comienza temprano en la mañana, pero al regreso hay que ver opciones de atravesarlo siguiendo hacia el oeste, trepar por un breve acarreo para luego cruzar por un puente del espantoso proyecto Alto Maipo, para así volver a La Engorda.

 

EQUIPO

Fuera del vestuario y equipo personal, es recomendable llevar para el cruce del glaciar (dependiendo del tamaño de la cordada):

  • 1 cuerda 30-50 m; 7,8-8 mm.
  • Anclaje por persona (1-2 estacas, 1-2 tornillos largos, cintas, 3 mosquetones).
  • 2 cordines 6 mm x 2 m.
  • Al menos 1 roldana (polea) ligera.

 

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Al fondo, el Nevado Piuquenes, en la vista hacia Las Termas del Plomo. Foto: Adolfo Dell Orto.

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