¡Plaga de roedores y basura en El Plomo!

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La montaña sagrada, ya no tan sagrada…

POLO DE ATRACCIÓN

Durante la temporada estival, se vuelve habitual que montones de amantes de las actividades en contacto con la naturaleza transiten por los alrededores de El Plomo (5.424 m): es común, durante prácticamente todos los fines de semana, ver a grupos de personas subiendo o bajando desde las cumbres próximas a los centros de esquí de la capital de Chile. Sin embargo, este apogeo de las actividades outdoor se hace sentir en los senderos y, sin duda, tiene un alto impacto, especialmente en el entorno próximo a los campamentos más clásicos, como lo son Piedra Numerada (3.500 m), Cancha de Carreras (4.100 m) y Federación (4.200 m), cerca de los cerros El Plomo y Leonera, entre otros.

Piedra Numerada

Cerro El Plomo (4.424 m) visto desde Piedra Numerada. Foto: Max Villar.

 

UN CLÁSICO… SUCIO

El cerro El Plomo -con sus 5.424 m sobre el nivel de mar- es sin duda alguna una de las cumbres más frecuentadas de la zona central del país y es, por lo mismo, un clásico: no pasa de moda, a pesar de los años, a pesar de lo conocido que es. Lo visitan grupos de personas que van desde los más experimentados hasta los más amateur; desde atletas de alto rendimiento que lo usan para entrenar o ganar aclimatación hasta o personas entusiastas que recién están iniciándose en el mundo de la montaña. Por tanta actividad, ya es un mal “normalizado” ver basura en los puntos de recolección de agua, papeles con restos de fecas humanas en los senderos o próximos a los refugios, o simplemente trozos de comida y botellas de agua apiladas en las esquinas de las pircas y los refugios de Federación – refugio Bizzarri – refugio Agostini – refugio hecho por estudiantes de la Universidad de Chile en el camino a El Pintor (4.180 m).

 

La pregunta que nos planteamos es: ¿por qué pasa esto, si la comida y esos papeles y esas botellas venían dentro de una mochila? ¿Por qué no regresó todo ello a la ciudad, al igual que sus dueños?

En el caso de la comida que hallamos en los refugios, quizás esto se deba, en parte, a un sentido de preocupación que tenemos arraigado como nación: muchas personas piensan que si dejamos restos de nuestra propia comida ahí disponibles, podremos ayudar a otros montañistas hambrientos, en caso de un accidente o tormenta o lo que fuere. Sin embargo, dudo que esos próximos montañistas deseen comer restos de comida.

La verdad de las cosas es que solo bajo ciertas condiciones muy particulares -como una planificación muy mala, o si llegara a pasar algo realmente malo durante nuestra salida- haríamos algo así como alimentarnos con los restos de comida y beber agua de esas botellas a medio llenar… Creo, más bien, que es simplemente una mala costumbre y muy mal hábito el hecho de dejar sobras en lugares como los refugios. El problema ahora es que ya es tarde para lamentarnos.

 

ROEDORES EN LAS ALTURAS

Actualmente, al clásico refugio ubicado en Federación han llegado y han proliferado como nunca antes un sinnúmero de familias de roedores. En mis más de 10 años desarrollando actividades en el cerro El Plomo, jamás había tenido problemas con ratones. Sin embargo, durante esta temporada se registraron incidentes graves con rotura de equipos, pérdida y contaminación de alimentos por heces y, sobre todo, la interrupción del descanso previo a los intentos de cumbre.



¿Cómo llegamos a esto? El hábito de la no-limpieza es, sin duda, uno de los culpables. El desconocimiento y la poca empatía -con respecto a cómo interactuar con el entorno- y la falta de medidas de higiene básicas son la causa.

Muchos restos de los alimentos que consumen los andinistas caen al piso y son olvidados; el problema es que con el gran tráfico y las prolongadas estadías de campamentos comerciales, día a día la presencia de comida se ha ido acumulando y ha alcanzado a alimentar a una hambrienta población de roedores. Además, con estos veranos que se alargan ante la falta de lluvias y nieve, los roedores tienen las condiciones perfectas para seguir multiplicándose.

El factor “baño” es, sin duda, un tema. Muchos simplemente buscan un lugar que permita una protección y invisibilidad mínima para poder dejar sus desechos humanos tirados en el suelo. Este es un gran problema no solo porque los roedores se alimentan de esas heces, sino también porque la gente deja ahí -a simple vista- los papeles, las toallas higiénicas o húmedas, sin siquiera darse la molestia de enterrarlas (lo que tampoco es correcto, pero sorprende la falta de pudor). Así es amigos: esto da para todo.

 

PRINCIPIOS DE NO DEJAR RASTRO

Existen algunas normas básicas que cumplir para cualquier amante de la naturaleza y las actividades al aire libre. Esos son los principios “No Dejar Rastro” (NRD) formulados primeramente por la escuela NOLS. Pero también, más allá de eso, está el sentido común, aunque al parecer, es “el menos común de los sentidos”. Se trata básicamente de pensar: si usas un papelero en tu casa, ¿por qué no en la montaña? Si en tu cocina usas un basurero, ¿por qué no haces lo mismo en El Plomo? Si el lugar estaba limpio antes de que llegaste, ¿por qué no lo dejas tal y como estaba?

Hoy en día, los “caca-tubos” son una gran idea, así como el hecho de usar un recipiente más hermético y duro solamente para poder bajar la basura y los desechos humanos. Los ecoladrillos, por ejemplo, podrían darle una segunda vida al plástico que nos traigamos de la montaña de regreso a a ciudad. Esto ayudaría a entregar un poco de dignidad a lugares de uso común.

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Por iniciativa propia, muchos arrieros están ayudando a bajar la basura que encuentran a su paso. Foto: Max Villar.

 

LLAMADO FINAL

Vuelvo a recalcar este punto: el campamento Federación del cerro El Plomo se está convirtiendo en un desastre medioambiental; es la crónica de una muerte anunciada y, por esto, muchos grupos han intentado visibilizar el problema y están ayudando a llevarse la contaminación. Por ejemplo, muchos arrieros -por iniciativa propia- limpian y bajan por sus propios medios kilos y kilos de basura que hallaron próximos a los campamentos o refugios.

De nada sirve tener baños secos si la gente si no sabe usarlos o no respeta su uso correcto.
De nada sirve un refugio si la gente deja restos de comida y basura esparcida en él.
De nada sirve ir a la montaña en búsqueda de paz y en contacto con la naturaleza si solo encontraremos restos de basura y caca.

Todo esto se resume en lo siguiente: no estamos siendo empáticos con el entorno, no sabemos cómo defecar correctamente en el cerro y ni nos estamos haciendo cargo de bajar nuestra propia basura, la que nosotros mismos llevamos a ese lugar, en primer lugar.

Campamento

Hay fines de semana en que el campamento de Federación alberga a más de 300 personas – y todos ellos tienen que ir al baño en alguna parte. Foto: Max Villar.

 

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