¡Rumbo al sur en nuestra casa rodante!

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Una pareja aventurera viajó 27 días en un camper o motorhome desde Santiago hasta la Patagonia.

EL SUEÑO

Desde que nos conocimos teníamos el sueño de tener una casa rodante; la pandemia nos ayudó a planificar esto y convertirlo en una realidad. Fueron años de ahorro y búsqueda porque queríamos un bus en el cual pudiésemos vivir cómodamente y para eso tenía que cumplir con ciertos requisitos. Así fue como dimos con nuestra Mercedes Benz Vario 818D. ¡Hoy no damos más de felicidad!

Fueron 4 meses de transformación: el vehículo pasó de ser un bus minero a nuestra casa. Estuvo funcional el 27 de enero de 2022 a las 23:30 hrs y, en la madrugada del 28, a las 3:00 hrs., iniciamos la aventura rumbo al sur con harta incertidumbre, pero con el objetivo claro.

 

LENTO PERO SEGURO

En la carretera logramos conocer los detalles de nuestro camper. Por ejemplo, debido a la baja velocidad a la que podíamos manejar su inmensidad de 5.000 kg., pudimos viajar tranquilos, contemplar el paisaje y disfrutar. Desde luego, hubo muchas paradas para revisar que todo estuviera bien con nuestra casita. Finalmente, con una velocidad promedio de 85 km/h en carretera llegamos a Puerto Varas después de 18 horas de viaje. Allí tuvimos unos días para arreglar pequeñas panas y así poder seguir lo más posible al sur.

 

POR LA CARRETERA AUSTRAL

Fue así como alcanzamos la Carretera Austral: sin limpiaparabrisas, con una filtración en la caja de dirección hidráulica y otras fallas que, sin embargo, no nos detuvieron.

Nuestra primera parada fue Hornopirén. Llegamos a un camping donde nos instalamos cómodamente: sacamos nuestras sillas Andesgear, preparamos comida y disfrutamos de una tarde maravillosa. Esa noche tuvimos la primera lluvia sureña: al principio disfrutamos del sonido de las gotas al chocar con nuestro techo: era sin duda el paraíso.

De pronto, a las 3:30 AM, Feña me despertó alarmada y me dijo:

-Se nos está lloviendo la casa; ¡devolvámonos a Santiago!

-Imposible-, respondí yo. -Es nuestra primera parada. ¡Tenemos que seguir!

Así fue como subimos al techo, tapamos lo que creíamos que era una gotera y seguimos durmiendo.

 

HACIA EL PARQUE PUMALÍN

Luego, cruzamos el transbordador hacia Caleta Gonzalo. Fue una larga espera para subir a la barcaza, por lo que llegamos a la caleta a eso de las 2:00 AM. Al siguiente día, despertamos temprano y nos equipamos con nuestra ropa Andesgear para hacer los trekkings habilitados en el parque Pumalín. Partimos con la caminata “Los Alerces”: es corta, pero preciosa. Allí pudimos observar desde tempranito las distintas interacciones de la fauna, en la hora previa a que llegan los humanos a caminar por los senderos. Enormes alerces nos acompañaron durante toda la caminata, alimentando a cientos de seres vivos que viven allí. Estuvimos solos, sin más personas, pero siempre acompañados de distintos tipos de aves: chucaos, carpinteros magallánicos y hued hued, entre otros. Además, vimos de incontables tipos de hongos e insectos maravillosos.

bicho

Después del paseo, volvimos a nuestra casita con ruedas (aún no tenía nombre en ese minuto) para seguir hacia el sur, a lo que sería nuestra segunda caminata del día: “Cascadas Altas”, una caminata un poquito más exigente y larga (aun así de dificultad baja). Nos preocupamos de ir siempre atentos para observar y fotografiar cada bichito, animalito y ave que se nos cruzara. Nosotros creemos que el solo hecho de estar ahí ya tiene un impacto en las interacciones naturales, por lo que tratamos de ser lo menos invasivos posible.

Entonces llegamos a la primera cascada: se formaba un arcoíris maravilloso entre el enorme sol que brillaba y el agua que caía sin parar. Seguimos subiendo y llegamos a la segunda y más grande cascada, que se aprecia desde un punto más alejado, pero que permite disfrutar del rocío y de una vista maravillosa de la caída del río. Nalcas enormes se alimentaban del agua que iba cayendo.

Nuestro tercer y último trekking del día fue el que conduce al mirador del volcán Chaitén, aquel volcán que hizo erupción el año 2008 y tapó a un poblado entero, mostrando lo fuerte e incontrolable que es la naturaleza. Hacía mucho calor, la subida estuvo dura y con muchos tábanos, pero nada nos detuvo para alcanzar esa vista en 360° que se obtiene desde aquel punto. Allí se puede apreciar a lo lejos la gran isla de Chiloé y, hacia el otro lado, el volcán que post erupción creció unos 200 m, armó extrañas formaciones de rocas y calcinó todo lo que había a su paso. Gracias a nuestros bastones Andesgear, pudimos lograr hacer estos tres trekkings en el mismo día: un día intenso, pero inolvidable.

bastones de trekking

 

FUTALEUFÚ

Llegamos a Futa con la intención de hacer rafting en el río Futaleufú, conocido como uno de los mejores ríos del mundo para practicar este deporte. Dormimos en la reserva nacional Futaleufú, donde nos llovió mucho y temimos que el rafting del día siguiente se fuera a suspender. Sin embargo, amaneció muy lindo, con una temperatura agradable y un día nublado. Hicimos el recorrido de puente a puente: 10 km de rafting, alrededor de 2 horas arriba de la balsa. ¡Estuvo intenso, adrenalínico y, sobre todo, divertido! Atravesamos rápidos categoría 5 donde pudimos remar de buena manera. A pesar de eso, casi nos dimos vuelta en uno categoría 3.

Esa noche dormimos en playa Chucao, al borde del río Futaleufú. Teníamos el lugar para nosotros solos. Fue una experiencia inolvidable que nos llenó de energía para continuar nuestro viaje hacia el sur.

GLACIAR QUEULAT

Iniciamos este trekking con mucha gente. Nuestra idea era hacerlo de la manera más expedita posible, ya que no podíamos andar muy rápido en nuestra casa rodante, para de esa forma compensar el tiempo. La caminata fue increíble: tuvimos el privilegio de hacerlo durante la época de apareamiento de los ciervos volantes, por lo que estaban presentes en todos los coihues. Lo que más nos gustó fue que el sendero -al estar poco intervenido- nos mostró una gran variedad de flora y fauna.

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COYHAIQUE

Después de un largo trayecto recorrido, a unos 15 km/h en promedio, llegamos a Coyhaique, donde pudimos disfrutar de un premio único: unas ricas pizzas locales. Dormimos plácidamente en la ciudad, en una calle sin salida. Al día siguiente escalamos en la Muralla China, maravilloso lugar con una vista privilegiada.

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CERRO CASTILLO

Después llegamos a la Villa Cerro Castillo. Nos instalamos al lado de un riachuelo que pasaba por ahí con una vista única hacia cerro Castillo. Al día siguiente fuimos a La Chabela a escalar, disfrutamos de un día de lujo, mucho sol, poco viento y muchas rutas. A la hora de almuerzo fuimos a descansar a nuestra casa rodante y la gente local aprovechó de conocerla: nunca antes habíamos tenido gente haciendo fila para conocer a “la Rola”, como empezamos a apodarla desde entonces. Ella dejó a muchos enamorados ese día.

Teníamos ganas de pasar esa segunda noche donde empieza el famoso sendero hacia cerro Castillo. Seguimos el camino que decía “sólo 4×4” y allí, por primera vez, tuvimos que usar la tracción. Pasamos susto, pero nuestra confianza en la Rola fue mayor. Logró descender una empinada bajada, siempre con freno de motor, nuestro mejor amigo. La mejor parte venía después, cuando llegamos al final del camino y nos encontramos con un río. Por suerte decidimos no cruzarlo. Más bien, tuvimos que devolvernos y nos volvimos a encontrar con la ladera empinada, pero esta vez hubo que subirla. Así que nos preparamos… y la Rola subió sin mayores problemas. Al no encontrar la entrada específica, decidimos dormir por ahí, en un estacionamiento a la orilla del río. Al día siguiente, nos dimos cuenta de que nos habíamos pasado de la entrada al parque, así que tuvimos que hacer todo de nuevo (esta vez con la confianza en que ni la bajada ni la subida nos podían detener).

Nuestra casa rodante quedó tan cómoda que tratamos de dormir acampando el menor tiempo posible. Por eso, armamos nuestras mochilas de trekking y subimos hacia el camping, donde armamos la carpa y después continuamos la travesía hacia la laguna Duff. Estuvimos solos: pudimos disfrutar de un hermoso día soleado, donde lamentablemente se escuchaba de manera reiterada el crujir de los glaciares producto de las altas temperaturas. Al día siguiente, subimos hasta la laguna del cerro Castillo: ¡una escena maravillosa! Después de haber disfrutado unos minutos, volvimos hacia nuestra carpa para desarmarla y regresar a la Rola.

PUERTO TRANQUILO

Después de esta visita express a cerro Castillo queríamos relajarnos, así que llegamos a la orilla del lago General Carrera, nos instalamos y disfrutamos de una rica comida al aire libre, con una luna llena maravillosa que se reflejaba en las aguas de nuestro lago más grande. Al día siguiente nos levantamos tempranito y fuimos en kayak a la así llamada “Catedral de Mármol”. Fue una muy buena experiencia; por suerte nos tocó buen clima, así que prácticamente no había olas. Estaba soleado y sin viento. Entonces volvimos a la playa del lago a tomar nuestra Rola y seguir rumbo al sur, a nuestro último destino, Parque Patagonia.

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PARQUE PATAGONIA

Quedamos alucinando desde el minuto en que pisamos el parque. Era como estar en otro planeta: una vegetación más baja, amarillenta, propia de la pampa patagónica. Veíamos guanaco tras guanaco y pensábamos: “acá de seguro hay pumas”. Siempre habíamos soñado con ver un puma salvaje. Dormimos en el estacionamiento del Camping West Winds; parecía un sueño. Al día siguiente fuimos al museo de Tompkins, un lugar único que te hace cuestionar tus conductas con respecto al cambio climático, a nuestro planeta y su futuro.

pampa

Después de la visita, hicimos el trekking “Lagunas Altas” con la convicción de que veríamos un puma. Empezamos y los primeros 7 km fueron de prácticamente pura subida, hasta que llegamos a la primera laguna. Ahí el paseo continuó por varios valles, lagunas, bosques y pampas, es decir, pasamos por múltiples paisajes diferentes y quedamos maravillados con el lugar.

De pronto, al ir ya bajando hacia la Rola, escuchamos el grito de auxilio de un guanaco. Entonces nos dimos vuelta y ahí había un puma a unos 100 metros de distancia de nosotros. Lo vimos corriendo detrás de un guanaco de un lado al otro. En ese preciso momento oímos un grito desesperado. Los animales se metieron detrás de una roca y lamentablemente no pudimos ver más. Sin embargo, ese grito nos dejó en claro que el puma había conseguido su presa.

 

CUENTAS FINALES

Así terminó un viaje involvidable: recorrimos 4.000 kms en total y en 27 días, partiendo desde Santiago y llegando hasta Cochrane. Fue nuestro primer viaje en «la Rola» y esperamos que vengan muchos más. Agradecemos a Andesgear por haber confiado en nosotros y por habernos ayudado a lograr nuestro objetivo, el que consistía en llevar a nuestra Rola lo más al sur posible. Ya estamos planificando nuestro segundo viaje, que también tendrá por dirección el «sur».

 

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