Travesía “Lo Indómito”: explorando el cordón Caulle

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Dos balsas inflables a la orilla de un lago, listas para una travesía.

Dos aventureros combinaron packraft y trekking para conectar cuatro lagos poco conocidos en el sur de Chile.

¿CÓMO SURGIÓ LA IDEA?

Remotos lagos cristalinos con abundantes truchas salvajes, bordeados de hermosas playas de ceniza blanca, surcadas por gigantescas paredes verticales de piedra granito y custodiadas por inmensas montañas de centenarios coigües… todo eso generó en mí el deseo de explorar este indómito destino en la cordillera de Los Andes, Chile.

Hace unos años, descubrí por Google Earth cuatro lagos que se internan en la gran cordillera de Los Andes y que sus difíciles cumbres definen el límite territorial entre dos países, Chile y Argentina. Desde ese momento, surgió la idea de realizar un cruce longitudinal autosuficiente en sentido norte a sur, uniendo estos cuatro lagos, travesía que posteriormente llamaríamos “Lo Indómito”, en base a la salvaje naturaleza que se interna en ese territorio, que hace prácticamente imposible avanzar entre sus ancestrales bosques. La misión: “abrir una ruta por la cordillera desde el lago Huishue (Región de los Ríos) hasta el paso fronterizo Cardenal Samoré (Región de los Lagos), cruzando y conectando laguna Gemelas, lago Gris y lago Constancia”. La expedición la realizamos entre el 18 y el 26 de marzo de 2022.

CINCO MESES ANTES DE LA TRAVESÍA

En noviembre del 2021, durante nueve días junto a mi polola, realizamos un scouting en packraft por una perdida huella y de difícil acceso, alcanzando a conectar Lago Huishue – Gemelas y cruzamos hasta el sector Este del Lago Gris, remando por sus vírgenes y gélidas aguas, explorando uno de los rincones más escondidos de la Región de los Ríos. Aquella salida permitió visualizar la complejidad del terreno y posteriormente fue fundamental para planificar en detalle el equipamiento, la logística y grado técnico necesario para afrontar la misión.

PACKRAFTING

Para alcanzar este tipo de objetivos es fundamental el empleo de un packraft. ¿Pero què es esto? Se trata de una embarcación inflable profesional, compacta, resistente y ligera de apenas dos kilos, diseñada para ser utilizada como una herramienta polivalente en multidisciplinas outdoor.

PACKRAFT

Porteo en packraft por la desembocadura de Laguna Gemelas, scouting año 2021. Foto: Tamara Olmos.

DOS MESES ANTES DE LA TRAVESÍA

En esta oportunidad invité a un gran amigo a ser mi cordada, quien al ver el mapa, rápidamente aceptó y empezamos con los preparativos. Lo primero: necesitábamos conseguir permiso en nuestro trabajo y con ello definir una fecha, además de adquirir algunos elementos faltantes de equipo y definir muy bien la logística.

INICIO DE LA TRAVESÍA

Tras intensos días arreglando los últimos detalles, en un abrir y cerrar de ojos, había llegado la fecha… nos encontrábamos un sábado a las 4:30 de la madrugada manejando rumbo a la ciudad de Futrono con ansias de comenzar la aproximación.

Ese mismo día, con los últimos rayos de luz, con las mochilas al hombro y nuestra misión grabada en mente, iniciamos el trekking de aproximación del Lago Huishue a Laguna Gemelas.

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Aproximación a Laguna Gemelas, vista a Torre Huishue. Foto: Patricio Sanhueza.

Bombardeados por los zancudos y con mucha hambre, tras 7 horas finalizamos la primera jornada y armamos campamento cerca de un cruce de río. Entonces comimos un par de barritas y dormimos al son de la melodía de ranas y grillos. Sabíamos que al día siguiente tendríamos harto que avanzar y con mal tiempo pronosticado.

A la mañana siguiente, a primera hora, continuamos nuestra aproximación cruzando un río y luchando contra un bosque de coigües, algo que se volvería rutinario en nuestra aventura.

Aquella tarde, bajando el portezuelo de la Torre Huishue, en una lucha permanente contra las quilas, a lo lejos se dejó ver un espejo turquesa que reflejaba la inmensidad de una pared de granito. Aceleramos el paso y ya estábamos junto a ella: Laguna Gemelas.

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Playa en el sector norte de la laguna Gemelas. Foto: Patricio Sanhueza.

¡AL AGUA, PATO!

¡Al fin una comida reponedora, después de dos días comiendo barritas de cereal! Trescientos gramos de ricos rabioles con salsa boloñesa fueron el plato perfecto para mantener el ánimo y reponer algo de energía. Mientras tanto, el día aún estaba con nosotros y nos permitió sobrevolar con drone las idílicas playas que componen la laguna. Sin duda, la vista del entorno hizo que el almuerzo fuera un momento de paz antes de la tormenta.

Entonces plegamos los bastones y armamos los remos… ¡y nos lanzamos al agua! Sabíamos que movernos rápido era fundamental. El cielo se estaba cerrando y el sistema satelital nos alertó de 30 nudos de viento de componente norte; con ello, precipitaciones de lluvia y agua nieve.

navegación

Navegación por la laguna Gemelas. Foto: Hans Müller.

AL MAL TIEMPO, BUENA CARA

Tras unas horas, nos encontrábamos cruzando un hermoso río que une la laguna Gemelas con el lago Gris. Era uno de esos ríos de cuento; el bosque nativo formaba un arco de árboles sobre sus aguas que ocultaron la lluvia durante unos minutos. De esos 600 metros de río, tuvimos que portear aproximadamente 50 metros, los que no fueron posibles navegar debido a grandes árboles caídos sobre las aguas.

Sin embargo, la lluvia y el viento no daban tregua, a tal punto que no logramos sacar las cámaras para hacer un registro fotográfico en esta oportunidad. Ya mojados completamente, decidimos varar los botes en una playa oscura y montar campamento, soñábamos con comer y tomar algo caliente.

Una vez armada la carpa, un rápido baño en el lago fue preciso para quitar la fatiga y entrar con ropa limpia al templo. El sistema satelital no daba buenas noticias: 48 horas de mal tiempo era lo que teníamos que capear y no lo teníamos previsto en nuestra planificación.

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Campamento en la playa del sector norte del lago Gris. Foto: Hans Müller.

Al día siguiente, apenas bajo la intensidad de la lluvia, rápidamente levantamos campamento y nos desplazamos al sector este del lago.

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Momento de calma en el lago Gris. Foto: Patricio Sanhueza.

Durante nuestra navegación, la lluvia nuevamente nos demostró que la naturaleza es la que manda, dejándonos ver lo inhóspito que puede ser y desafiándonos a enfrentar con convicción nuestra misión. Nuevamente, completamente mojados, armamos el tercer campamento; las ganas de comer una trucha eran evidentes. Entonces saqué mi caña, monté el señuelo e hice unos lanzamientos. Mientras Hans realizaba un sobrevuelo con drone para determinar la mejor ruta a seguir. Tras un par de minutos, ya muy cerca de la orilla un gran truchón picó… con cuidado le quité el anzuelo y lo dejé ir… era muy grande para alimentar a tan solo dos personas. Luego de un par de intentos una mediana y salvaje trucha arcoíris dio una linda pelea y por fin cayó rendida en el sartén, convirtiéndose en nuestra cena mientras definíamos la mejor ruta para atacar el cerro.

A la mañana siguiente, la montaña se apiadó de nosotros y nos regaló un hermoso amanecer, sin viento ni lluvia… algo que esperábamos desde que iniciamos la travesía, sacamos nuestro equipo al sol y lo secamos mientras tomábamos desayuno.

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Vida de campamento, con el packraft plegado. Foto: Hans Müller.

PRECAUCIÓN

Nuevamente con todo el equipo sobre nuestros hombros, nos internamos en el bosque. Tras unos 30 minutos y en una continua lucha con la selva, decidimos subir la montaña por un río. ¡Mojarnos era lo nuestro, aquí vamos de nuevo, al agua!

En un momento, mientras descendíamos, resbalé en una ladera empinada. Ese día la suerte estaba de mi lado y me permitió detenerme antes de un acantilado. A partir de ese momento, el avance fue más lento y controlado. Un error en este lugar saldría caro: un equipo de rescate tardaría mucho en llegar, en caso de que el denso bosque permitiera, siquiera, la conexión satelital para pedir socorro.

A la mañana siguiente, tras abrir el vestíbulo de la carpa, vimos que estaba nevando y que las grandes montañas que nos rodeaban estaban completamente cubiertas de nieve y nubes… Esto sí que no lo teníamos contemplado, por lo que decidimos mantener EL campamento y racionamos la comida.

Muy temprano, con las primeras luces, la meteorología se mostró benevolente, regalándonos un lindo sol. Armamos nuestras mochilas y continuamos la aproximación al lago Constancia.

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Campamento en el valle. Foto: Hans Müller.

El avance fue mucho más lento de lo que imaginamos: la nieve estaba en todas partes y hacía que nuestras pisadas requirieran mayor energía. Por otra parte, la montaña tenía muchos socavones y canaletas de deshielo, fatigándonos fuertemente mientras ganábamos altura y, con ello, nuestro ánimo se vio golpead.

Al fin, tras muchas horas de ascenso, logramos encontrar un claro en el bosque con una linda vista de la frontera Chile-Argentina.

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Ascenso al portezuelo del cerro Campana, límite Chile-Argentina. Foto: Hans Müller.

Tras un pequeño descanso, contentos al ver el portezuelo del cerro Campana, decidimos apurar el paso y no malgastar aquella ventana de buen tiempo.

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Portezuelo. Vista este a la laguna Campana. Foto: Hans Müller.

¡UPS!

Entonces nos percatamos de que la mochila de Hans se había desgarrado y, con ello, perdimos -entre ese bosque hostil- las varillas de la carpa, un bastón de trekking, una botella de agua, 2 segmentos de remo y una toalla… ¿puros elementos esenciales para nuestra travesía!

Un mes antes de la travesía habíamos elegido muy bien el equipamiento a llevar: solo lo imprescindible, sin descuidar nuestra seguridad. No había redundancia de equipo, ya que para ser autosuficientes en este tipo de aventuras es necesario utilizar la política de ir ultraligero, concepto que se resume en “menos es más”, puesto que empacar menos peso en la mochila permite desplazarse con mayor facilidad en terrenos complejos. De igual forma, sirve para evitar lesiones y la fatiga.

Fue así como sin parte del equipamiento, bajamos hasta conectar con la playa norte del gran lago Constancia.

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Descenso por la ladera sur del portezuelo Campana. Foto: Patricio Sanhueza.

¡QUÉ ALIVIO!

No queríamos hacer vivac, por lo que hicimos nuestro mejor esfuerzo para armar y levantar la carpa. Gracias a sus características técnicas, fue posible utilizar todos sus vientos para tensarla contra los árboles y rocas del sector… un problema menos… poco a poco se dejaban notar las sonrisas y gritos de victoria: habíamos terminado la parte más compleja del track.

A la madrugada siguiente, hicimos una exploración por el sector oeste del lago, asombrándonos con cada rincón que encontrábamos, por lo que decidimos cambiarnos de campamento a una idílica playa de aguas turquesas que estaba cubierta por un suave manto de nieve… un pequeño paraíso en un lugar que se ha demostrado indómito a nuestro avance.

UN ADIÓS ACONTECIDO

Llegó el último día: amaneció un sol radiante, derritiendo los últimos restos de nieve de la playa. Nos despedimos de esos lindos y temibles parajes, empacamos nuestro equipo, lo cargamos sobre los botes y continuamos con el tramo final.

Una vez que desembarcamos en la playa sur del lago, comenzamos el trekking final hacia el paso fronterizo Chile-Argentina “Cardenal Samoré”. Infaltable… de pronto se cerró y tuvimos apenas 10 metros de visibilidad: un fuerte viento blanco cubrió de hielo nuestra ropa, cejas y pestañas…. parecía que la naturaleza no nos quería soltar. Saqué mi cámara para registrar y se apagó durante todos los intentos. La sensación térmica bajó rotundamente, por lo que decidimos acelerar el paso y a la vez guiarnos con GPS. No había margen para tomar una decisión equivocada en cuando a la ruta, ya que esto nos agotaría innecesariamente en las adversas condiciones meteorológicas. Tras unas horas, justo a los pies del cerro Mirador, el viento desapareció completamente y el sol, nuestro mejor amigo, se dejó ver y nos animó para continuar con el tramo final.

CARDENAL SAMORÈ

Dunas cubiertas de ceniza volcánica. Vista Este hacia valle argentino. Foto: Patricio Sanhueza.

De pronto, escuchamos algo distinto: un rugir constante que se acercaba lentamente a nosotros. Se trataba de un camión que se acercaba por la carretera desde Argentina… Nos miramos, nos abrazamos con una sonrisa de oreja a oreja… ¡lo hicimos! Llegamos al fin de nuestra travesía.

COMETARIO FIANLES

Esta travesía ha sido la más linda que he realizado. Tratamos de disfrutar todos aquellos momentos que la naturaleza nos entregó, explorando unos de los rincones más ocultos del Caulle y, a su vez, alimentando nuestro espíritu aventurero. Es gratificante poder mostrar los indómitos parajes que se internan en los Andes, junto a la naturaleza salvaje que se esconde tras sus remotas montañas. Sin duda, destaco nuestra determinación, que fue la que nos permitió cumplir con la misión.

Colaboradores: Andesgear – Anfibio Packrafting – Opinel Chile.

Revisa el video a continuación:


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